jueves, 23 de julio de 2015

Era la publicidad, estúpido!

Incluso los caramelos están atentos a la actualidad

Cuentan que cuando el escritor catalán Josep Pla llegó a Nueva York, en 1954, le enseñaron la ciudad iluminada con un esplendor que podemos imaginar que no existía entonces en la noche de ninguna otra urbe del mundo. Dicen que al ver el espectáculo, primero se asombró pero enseguida preguntó: y esto ¿quién lo paga?

Ahora que muchos lectores nos quejamos (yo el primero) de la pérdida de calidad del periodismo y de que tantos medios se arrojen entusiastas por la pendiente de la militancia, abandonando toda pretensión de rigor, la vieja pregunta de Pla vuelve a tomar sentido: Y esto ¿quién lo paga?

Porque me lo pregunto es por lo que me resulta tan extraño que parte de la culpa del deterioro de los medios se achaque a la publicidad. Me aburre esa idea tan manida de que la publicidad tendría por objeto condicionar los contenidos, aparte de molestar a los lectores. Parece que son legión quienes piensan así: que los anunciantes a lo que se dedican es a vigilar y controlar la línea editorial de los medios.

Es un error pero un error secundario, que parte de otro previo y mucho peor: el de pensar que la publicidad no sirve para nada y que no influye en el comportamiento de las personas; menos aún de nosotros, que somos gente tan inteligente, que no nos dejamos influir por mensajitos, photoshops y tonadillas tontas a la hora de decidir lo que contratamos o compramos. Faltaría más.

Solo que es mentira. Obviamente quien sea tan engreído para pensar así solo puede creer dos cosas: o que los anunciantes son idiotas (por gastar tanto dinero en cosas inútiles) o que lo gastan para controlar la línea editorial del medio ¿qué otra cosa si no? Así que rápidamente deducen que “mejor sin publicidad” o, cuando echan cuentas, que ésta debería ser repartida con criterios de subvención y no de una rentabilidad que ya de origen, niegan que sea posible.

La realidad es bastante más compleja. En general a la publicidad no le importa nada lo que ponga en la página de al lado de su anuncio. Lo único que quiere es que “eso que ponga” le interese a mucha gente, cuanta más mejor, para que una parte de ella se fije en el slogan de al lado, conozca la marca o el producto anunciado y finalmente…compre.

Lo cierto es que si hubiera más publicidad los medios serían más libres, menos dependientes del poder, con menos miedo a la ruina y seguramente menos sumisos, aunque la rebeldía tuviese que ir acompañada de anuncios de bragas, de caramelos, de coches, incluso de planes de pensiones, también de esos.

Por el contrario con menos publicidad hay menos medios, menos periodistas, peor pagados y más tentados de ser voceros de quien les garantice las lentejas, ya que su medio lo hará solo a medias, o no lo hará en absoluto.

La catástrofe en los contenidos de las principales cadenas televisivas demuestra que los anunciantes, cuando solo buscan audiencias millonarias, también pueden ser dañinos, además de poderosos, pero despreciar a estos poderosos es suicida porque cuando se van son inmediatamente sustituidos por los poderosos de verdad, que son los que no pagan para comprar lectores sino para comprar periodistas. Usted me dirá lo que prefiere.

¡Ah claro! que lo ideal sería una ciudad bien iluminada pero sin que nadie tuviese que pagar la factura de la luz. Cómodo, pero algo ingenuo. Yo, por el contrario, prefiero hacerme la misma pregunta que se hizo Pla, porque estoy seguro de que todo lo paga alguien, siempre. Y, sinceramente, prefiero que sea la publicidad, que acostumbra a preferir medios con audiencia y prestigio y suele huir despavorida de los panfletos para convencidos.

Aunque duela reconocer nuestra dependencia del “vil mercado capitalista”, sin anunciantes no hay dinero, sin dinero no hay medios libres, sin medios libres no hay periodistas y sin periodistas no hay democracia.

viernes, 17 de julio de 2015

Tsipras y las malditas sirenas

Ulises y las sirenas Herbert James Draper (1909)
Bien se ve que el primer ministro Tsipras conoce los clásicos. Hace unos días me refería yo al mito de Escila y Caribdis, el monstruo y el remolino, como símbolo de la difícil elección entre dos males a la que se enfrentan los nuevos políticos y citaba en particular a la alcaldesa de Madrid.

El dirigente griego ha leído también la historia de Odiseo y, como aquel, decidió hacerse encadenar al mástil de un referéndum tras tapar cuidadosamente con dignidad y patriotismo los oídos de su pueblo.

Convertirse en prisionero de su propia tripulación le serviría, como al héroe, para poder escuchar la melodía de las peligrosas sirenas europeas y de la Troika sin caer en la tentación de ceder a sus horrendas pretensiones. “Os oigo, pero no puedo moverme porque, como veis, mi tripulación -que no os escucha- me tiene atado al mástil”, tal y como hizo el de Ítaca. Solo que las sirenas de Artemisa, al verse vencidas, se arrojaron a las aguas y se ahogaron pero en absoluto ha ocurrido lo mismo con los acreedores de Grecia.

La evidente maniobra para no caer en la tentación de aceptar las exigencias europeas, y de paso afearles la conducta a quienes tanto exigían a su país, quiero pensar que contaba de fijo con que, por mucho que piaran, los líderes europeos nunca aceptarían de verdad el "Grexit", que jamás permitirían la salida del Euro de ninguno de sus miembros, pasase lo que pasase.

Quiero pensar -insisto- que Tsipras creía contar con esa carta en la negociación. Se equivocó, ciertamente, pero prefiero pensar que fue un error de cálculo, comprensible en momentos de tanta dificultad y tensión. Porque a lo que no doy crédito es a que un político tome la decisión de levantar a su pueblo para que se manifieste en referéndum contra una decisión a sabiendas de que al final habrá de adoptarla. Me resultaba increíble que no tuviese plan B y ahora me asombra comprobar que, efectivamente, no lo tenía.

Aunque bien pensado tal vez sí lo tuviese: Que hubiera ganado el “Si” de tal modo que, él, viéndose desautorizado, hubiera podido dimitir, marcharse a su casa como un héroe sin cargar para siempre con el baldón de ser quien obligó a su país a pasar por esas Horcas Caudinas que se le imponían. Comprendo que suena raro pero es que todo lo que está pasando en torno a Grecia suena raro y lo que hace Tsipras, lo que más.

Finalmente se ha derretido la cera con la que había tapado los oídos de los suyos y ahora todo el mundo ha podido escuchar la desoladora melodía de las sirenas económicas de Europa. Y, lo peor de todo, comprobar que no hay ningún otro son al que bailar.

Si no ha sido justo ocultar la auténtica verdad a su pueblo, tampoco lo sería disimular que la situación de desastre a la que ha llegado la economía griega tiene mucho que ver con quienes le precedieron y, sobre todo, con ese capitalismo de burbuja, miope, bravucón, codicioso e irresponsable que aquí hemos sufrido con el ladrillo y en Grecia con… todo.

Los grandes y admirables pensadores del liberalismo clásico no me parece que tengan nada que ver con este neofeudalismo del capital que nos asola y que puede acabar, si no le ponemos remedio, con el otro gran sueño de otros grandes hombres: el de Europa. Me pregunto qué leen los grandes responsables de la economía hoy ¿Juego de tronos?

Como Tsipras, conviene que no olvidemos la literatura clásica porque se ha demostrado que las sirenas de hoy, mitad humanas mitad fondos de inversión, siguen siendo seres muy peligrosos.

martes, 14 de julio de 2015

Alcaldes low cost

Mauricio José Schwarz

Mi amigo Mauricio, un personaje muy activo en las redes sociales, inteligente y extraordinario de conocer en persona, asturiano de adopción nada menos, ha colgado esta oferta de empleo.

Es muy interesante, no por deseable sino porque deja claro cómo los ciudadanos estamos pretendiendo ofrecer como exigentes empleadores de nuestros alcaldes condiciones que, con toda razón, tildaríamos de absolutamente intolerables si se nos ofreciesen como empleados. Es esta:

Se precisa persona preparada, responsable, dedicada, consciente y decidida para que se haga la máxima responsable de nuestra organización, que tiene un movimiento financiero de varios cientos de millones de euros anuales. Deberá ser responsable último del desempeño de un par de decenas de miles de empleados y gestionar de modo responsable y fiable créditos por decenas de millones de euros, además de mantener un sistema oportuno y eficaz de pagos a proveedores, supervisar concursos de adjudicación de contratos, tomar decisiones (con un mínimo de asesores, de preferencia ninguno) sobre aspectos urbanísticos, de tráfico, distribución de agua, red de drenaje, policía, bomberos, protección civil, cuidado del medio ambiente, protección a personas con dificultades o excluidas, organización y autorización de establecimientos comerciales, relaciones con otras empresas, gobiernos y personas individuales.

Entre otras muchas responsabilidades que le corresponderán y por las cuales deberá responder legal, civil, penal y socialmente.

Sueldo 1900 euros.


A Mauricio se le ha olvidado añadir otro requisito: Que tenga puesto de trabajo al que regresar una vez que sea despedido y que éste sea completamente ajeno a la responsabilidad por la que se le contrata ahora, ya que de otro modo será acusado y perseguido por supuesto aprovechamiento de los contactos y conocimientos obtenidos durante su periodo de ejercicio.

No hay día en que los periódicos no se hagan eco de cuánto se sube, no se sube o se baja el sueldo cada alcalde de los recientemente electos, incluso he leído un titular que criticaba a un regidor (no recuerdo de dónde, ni me importa) por “mantenerse el sueldo mientras hacía despidos”. Es decir que solo el hecho de tener un sueldo le incapacita, al parecer, para tomar decisiones (!!).

Parece que ahora lo más importante es que los alcaldes cobren poco y, cuando es así, cuando cobran muy poco, el titular buscará el porcentaje que siempre es alto por pequeña que sea la subida real.

Evidentemente el motivo es la desafección general que ha sufrido la política pero, una vez expresada la mala leche, solo encuentro tres vías de explicación a que se mantenga este delirio. A cual peor:
  1. No nos importa si los ayuntamientos y entornos públicos funcionan mal o bien. Peor aún, damos por hecho que funcionan y seguirán funcionando irremediablemente mal, por lo que una vez desahuciados y sin esperanza, optamos porque al menos nos cuesten lo mínimo posible. En tal caso no entiendo por qué no gratis, es decir, por qué simplemente no disolvemos los ayuntamientos al grito de ¡Dios proveerá!. Servicios públicos cero a precio cero (el paraíso de los ricos)
  2. Hay un segmento de personas que piensan que rebajando la remuneración de los políticos ellas sí podrán acceder a tales puestos dado que el nivel de exigencia de sus conciudadanos disminuirá proporcionalmente y podrán ocupar cargos sin que se les pidan resultados, bastará con que sean honrados. Probablemente no alcancen las exigencias que describe Mauricio y hasta la líen como alcaldes pero en el camino se harán populares. Que igual es eso.
  3. Estamos abriendo la puerta a que, de nuevo, los ricos de familia o empresarios se ofrezcan a hacerse cargo “gratuitamente” de las responsabilidades políticas. “Por los colores” tal como pasa con los presidentes de muchos clubes de fútbol ¿verdad? o como ocurría cuando la política era realmente cosa de una verdadera casta de ricos. Habría que recordar a los olvidadizos que, en tiempos, para acceder a un cargo no bastaba con obtener votos sino que la ley obligaba a demostrar que se tenían bienes considerables.
A mí me gustan las compañías low cost y no me quejo cuando el espacio del asiento es reducido, ni cuando tengo que imprimirme yo en casa la tarjeta de embarque, ni cuando solo me permiten un bulto y no aceptan ni siquiera una bolsa de revistas adicional. Muchos se quejan pero yo no. Es así, lo sé desde el principio y lo acepto sin malas caras. Probablemente porque es un servicio que no utilizo a menudo. Pero no compro zapatos baratos de plástico, ni ahorro en el dentista, ni pongo pastillas de freno usadas al coche, ni aceptaría que me operasen en un quirófano que se limpiase una vez por semana (afortunadamente creo que no los hay).

Pues eso, que espero que esta fiebre de alcaldes low cost no se prolongue mucho más porque entre estrellar nuestras instituciones cobrando una pasta, como en algunos casos ha pasado hasta ahora, y estrellarlas igualmente pero cobrando muy poco, yo prefiero que no se estrellen, incluso pagando razonablemente a gente razonable o incluso excelentemente a personas excelentes. Solo que temo que ni unas ni otras de éstas aceptarán la oferta de empleo de Mauricio.

lunes, 6 de julio de 2015

Como si fuéramos “La Roja”, Txarlie


Txarlie García tiene un blog que sigo y algunos de cuyos post he rebotado en ocasiones. Sé que él también sigue el mío y ha manifestado su opinión respecto a uno de mis post.

A menudo coincidimos en muchas cosas y respecto a mi post “El lechero, el adanismo y la bandera de Pedro Sánchez” también lo hacemos en parte. Concretamente Txarlie dice coincidir conmigo en el buen trabajo de marketing del acto en que Sánchez se presentó con una gran bandera de España de fondo. Debo aclarar que Txarlie y yo tenemos en buen concepto el marketing y no consideramos tal término como algo insultante sino como una herramienta imprescindible en la sociedad actual ¿digo bien?.

Me atrevo a esta aclaración a riesgo de introducir más confusión pero sin pizca de miedo a la discrepancia, menos aún si ésta es civilizada, respetuosa y cabal, como lo es con Txarlie. Puede ser que mi licencia redaccional de referirme al aburrimiento como una de las virtudes de la democracia haya llevado a confusión. Mea culpa si así hubiese sido.

Txarlie me dice en su blog que, sin embargo, discrepa conmigo respecto al resto de mi argumentación, es decir, en lo principal, que básicamente es que aplaudo que el candidato socialista utilice la bandera del país que quiere gobernar.

El PSOE es un partido que ha peleado por que España tuviera un sistema democrático que no tenía. Por que hubiese unas reglas de juego equiparables a las democracias europeas que España nunca había sido. Esa labor de “construcción” debe ser reivindicada, en mi opinión.  Guste más o menos insisto en que la bandera que representa ahora ese proyecto es la que tenía Pedro Sánchez detrás en el acto del Circo Price. Naturalmente, como ya digo en mi post original, hubo otros intentos de democracia: las dos repúblicas fueron algunos de ellos, pero el más exitoso de todos y aquel en el que el PSOE ha tenido más protagonismo y responsabilidad ha sido el que se inicio con la ﷽ que se inicisabilidad que el PSOE ha tenido mia y con otras banderas pero el m nunca habó con la hoy denostada transición. Como decía en mi post original, nadando contra la corriente actual de descrédito, se trata de un “régimen” que brilla en comparación con cualquiera de los que España ha sufrido a lo largo de su historia. Por tanto, que el candidato socialista reivindique que somos constructores de la estructura democrática de España me parece no solo un acierto sino una obligación, además de –permítanme que insista- un excelente marketing político.

Todo esto no tiene nada que ver con quedarse quieto, ni “formal” ni callado, Txarlie. Un partido de fútbol puede ser de máxima rivalidad sin que se discuta si deben ser once los jugadores o el tamaño de las porterías o si el balón puede o no cogerse con la mano. Las reglas no impiden la competición, tampoco en democracia, sino que son lo que la hace posible. Es más dicen, con razón, que la democracia son las formas.

En segundo lugar, ha sido bajo ese “régimen” cuando España, de la mano del PSOE ha ido introduciendo derechos y libertades contra las que una poderosa derecha rancia (que es la que mayoritariamente hay ¡qué le vamos a hacer!) ha peleado siempre: Desde el divorcio, al aborto, hasta las autonomías y el derecho universal a la sanidad y a la educación. Todos esos derechos que los españoles hemos adquirido no venían “de serie” sino que han tenido que ser insertados de la mano del PSOE en la legislación de la España constitucional, y ha sido siempre en contra de la derecha y, por cierto,  sufriendo el desprecio de los comunistas de todas clases, colores y purezas a los que hoy se les llena la boca hablando de las virtudes de la socialdemocracia. ¡Lo que hay que oír!

Sería estúpido, e injusto, dejarle a aquella derecha el monopolio de una bandera que, gracias al esfuerzo de la-izquierda-que-sirve-para-algo representa hoy algo muy diferente a lo que era cuando se inició la transición. Lo que hizo Pedro Sánchez me gustó, insisto de nuevo, por esas dos razones: primero para recordar nuestra tarea como coarquitectos del edificio mismo de la democracia española y en segundo lugar para reivindicar que en ese edificio el mobiliario de derechos no venía incluido sino que se construyó en los talleres del PSOE.


Que ahora enfrentemos nuevos desafíos, como ocurre, no me parece razón para desdeñar lo conseguido. Es más puede que uno de esos muchos desafíos, además de la corrupción, la selección de los gobernantes, la destrucción de los derechos de los trabajadores, la tambaleante igualdad de las mujeres, el descenso de la población, las burbujas económicas…sea también que la izquierda utilice la bandera del país con normalidad, como si fuéramos la selección de futbol.

domingo, 5 de julio de 2015

Mi primer Aurrulaque





Mi amistad con Antonio Sáenz de Miera se forjó hace ya años a base de paseos por los montes guipuzcoanos. Antonio es un hombre inabarcable, de actividad imparable, ingenioso, culto y excelente conversador.

Por fin he podido asistir al primero de sus Aurrulaques, a los que insistía siempre en invitarme. Se trata de una excursión a la sierra de Guadarrama que Antonio organiza desde hace varias décadas (ni siquiera recuerda bien cuantas) pero en la que no falta nunca ni el humor ni el espíritu cívico de defensa de la sierra como patrimonio natural de todos.

Como se dijo ayer, la sierra de Guadarrama es no solo un espacio físico extraordinario, sino también un universo de literatura, historia, poesía y ciencia. Los árboles, los pedregales, los ríos, la fauna pero también las memorias, los versos y los relatos son parte de Guadarrama.

Precisamente la edición de ayer (mi primer aurrulaque pero seguro que no el último) conmemoraba el centenario de la muerte de Francisco Giner de los Ríos, guadarramista, creador de la Institución Libre de Enseñanza y uno de los hombres clave de la historia de la cultura española.

Allí arriba, en el mirador Luis Rosales se leyó el poema que Antonio Machado le dedicó a los pocos días de su fallecimiento.






A don Francisco Giner de los Ríos 


Como se fue el maestro, 

la luz de esta mañana 

me dijo: Van tres días 

que mi hermano Francisco no trabaja. 

¿Murió? . . . Sólo sabemos 

que se nos fue por una senda clara, 

diciéndonos: Hacedme 

un duelo de labores y esperanzas. 

Sed buenos y no más, sed lo que he sido 

entre vosotros: alma. 

Vivid, la vida sigue, 

los muertos mueren y las sombras pasan; 

lleva quien deja y vive el que ha vivido. 

¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas! 



Y hacia otra luz más pura 

partió el hermano de la luz del alba, 

del sol de los talleres, 

el viejo alegre de la vida santa. 

. . . Oh, sí, llevad, amigos, 

su cuerpo a la montaña, 

a los azules montes 

del ancho Guadarrama. 

Allí hay barrancos hondos 

de pinos verdes donde el viento canta. 

Su corazón repose 

bajo una encina casta, 

en tierra de tomillos, donde juegan 

mariposas doradas . . . 

Allí el maestro un día 

soñaba un nuevo florecer de España.

jueves, 2 de julio de 2015

El lechero, el adanismo y la bandera de Pedro Sánchez


Dicen que fue Winston Churchill el autor de la frase “La democracia un sistema político en el cual, cuando alguien llama a tu puerta a la seis de la mañana, puedes estar seguro de que es el lechero". Podía haber dicho simplemente que previsibilidad y aburrimiento son las primeras virtudes de la democracia pero lo expresó con bastante más gracia.

Como a nadie le gusta aburrirse resulta comprensible que en España sea mucho más fácil escuchar vehementes y ruidosas propuestas de refundación en lugar de ideas más o menos razonables (y opinables) para mejorar lo que ya hay. Aquí lo que mola es la recreación del país. Ese tan liberador “de una vez por todas” que, al menos de boquilla, aplicamos a todos los ámbitos de la vida.

“Andarse con chiquitas”, “jugar a pequeña”, “hacer política con minúsculas” son expresiones despectivas hacia la prudencia, que no da prestigio a quien la ejerce. Todo lo contrario, le pone en la lista de los timoratos que no merecen crédito alguno. Hacer las cosas bien solo puede entenderse entre nosotros como sinónimo de tirar lo que hay a la basura y empezar de nuevo. Eso es lo fetén.

Cuando veo cómo se critica a los nuevos políticos tildándoles de adanistas, no puedo sino revolverme porque, siendo cierto en muchos aspectos, también lo es que a lo largo de toda la transición los partidos que ahora les critican han presentado cada elección como si fuera un acto de refundación del país. Así pasaba que la victoria del contrario era señalada como un desastre, provisional e incluso con un punto de ilegitimidad, al tratarse de un ataque a la normalidad que solo podría recuperarse más adelante con la victoria de “los nuestros”. En esto sí que derecha e izquierda han actuado igual.

Ni siquiera ha habido respeto hacia la voluntad popular de cada una de las convocatorias electorales, y sus resultados se han valorado siempre muy poco en lo que representaban por sí mismos y mucho como presagio de los que pasaría en las próximas elecciones, llamadas a traer, esas sí, el advenimiento de otra nueva nación, bien distinta de la actual. Llamo la atención del lector sobre el hecho de que tales extrapolaciones, además de incorrectas, son un evidente insulto a los votantes, a los que se nos considera incapaces de distinguir unas elecciones de otras y se nos supone, en cambio, arrastrados por una especie de marea hoy de confianza y aplauso, mañana de desconfianza o enfado que expresaríamos en las urnas, como niños, sin saber muy bien cuáles serán las consecuencias reales de nuestro voto. Un insulto, como digo.

A mí me ha gustado lo de la bandera española de Pedro Sánchez. Primero como marketiniano, para el que resulta obvio que el candidato del PSOE se ha dirigido al segmento de votantes moderados que serán quienes den la victoria en las generales al PSOE o al PP. Sánchez sabe que es difícil que pierda más votos por su izquierda y por eso ha tratado de ganarlos por donde puede y por donde más los hay, que es el centro. Bien jugado.

Pero es que, además, como ciudadano, lo de la bandera también me ha recordado el aforismo del lechero. La garantía de que en una democracia hay cosas que no van a cambiar gane quien gane las elecciones.

Se ha levantado cierta polvareda, lógica porque no es la monarquía sino la República la que forma parte del imaginario colectivo de los socialistas españoles, como icono de una experiencia histórica excepcional de modernidad, de libertad y de progreso que sus abuelos protagonizaron en buena medida. El símbolo es tan fuerte que poco importa que las cosas no fuesen exactamente así y que la segunda república tuviera grandes luces y también terribles sombras. El levantamiento militar que la destruyó también la mitificó y la fuerza de los mitos no está en su certeza sino en su capacidad de movilización.

Sin embargo la España democrática que Sánchez quiere gobernar es, con todos sus defectos pero sin duda alguna, un país más cercano al que seguramente soñaban tantos de aquellos que sufrieron y murieron por la causa de la libertad y la democracia bajo la bandera tricolor, que era la que representaba entonces ese ideal.

Reivindicar la bandera constitucional, tal y como lo ha hecho Pedro Sánchez, es poner en valor el régimen democrático de libertad, derechos sociales y culturales, autonomía territorial e imperio de la ley que no solo el PSOE, pero también el PSOE ha impulsado desde la transición. Un “régimen” que brilla en comparación con cualquiera de los que España ha sufrido a lo largo de su historia. No crean que no me consta que no está de moda decir estas cosas. Justamente por eso lo hago.

Me gusta que quien se presenta a unas elecciones democráticas no pretenda ganarlas para construir un nuevo país sino solamente para modificar las políticas cotidianas (nada más y nada menos que eso) mientras se deja a los lecheros que sigan repartiendo con plena normalidad. Estoy con Bertrand Russell en que soportar cierto grado de aburrimiento es necesario para lograr metas más altas.

Publicado en eldiarionorte.es el 2 de julio de 2015