jueves, 11 de diciembre de 2025

Un modelo sanitario que arruina a las empresas amigas

 Tiempo de lectura 2 min 35 seg

Ha tenido que venir un gestor eficiente a destapar la verdad. Y lo ha hecho con tanta sinceridad que le ha costado el puesto.


Tradicionalmente la derecha española se ha presentado a sí misma como mejor gestora, más experta en la Administración y más profesional que la izquierda, a la que tildaba de frívola, derrochadora y amateur en materia de Gobierno. A despecho de las múltiples ocasiones (algunas bien cercanas y dramáticas) que desmienten ese tópico de la supuesta eficacia mejorada de los conservadores, hay que reconocer que es una impresión que, no por falsa, deja de estar muy instalada en el imaginario colectivo.

El propio alcalde de Madrid alimentaba la idea en 2021 cuando dijo -irónicamente- que “seremos fascistas, pero sabemos gobernar". Ninguna de ambas cosas era cierta, ni Almeida es un fascista (término que ha perdido ya su significado real para convertirse en puro insulto) ni saben gobernar mejor.

La última demostración es el sistema de hospitales de gestión privada que ahora hemos sabido que arruina a las empresas concesionarias, como la que gestiona el hospital de Torrejón. Ha tenido que venir un gestor eficiente, una persona profesional de lo suyo a destapar la verdad. Y lo ha hecho con tanta sinceridad que le ha costado el puesto. Gracias a esa persona experta que se atrevió a decir en alto cuál es su verdadero trabajo: incrementar el EBITDA (el dinero para la empresa) sabemos que el sistema de privatización de la sanidad no es que no garantice el derecho a la salud, cosa que en absoluto era responsabilidad del señor Gallart, sino que simple y llanamente no se sostiene desde el punto de vista económico, que era lo que a él sí le incumbía.

El “Modelo Alzira” que utilizan estos centros tomó ese nombre del primer hospital que inauguró el sistema de cesión privada en aquella localidad. El nuevo modelo se nos presentó entonces como novísima solución porque traspasaba al siempre virtuoso sector privado las obligaciones del sistema público, ineficaz y parasitario por definición (entiéndase todo esto sin prejuicio ideológico alguno, por supuesto). Alzira volvió finalmente a manos públicas que con dinero de todos tuvieron que reparar el profundo deterioro que tras 18 años en manos privadas encontraron allí.

Lo peor es que esta ruina de modelo sigue siéndolo pese a que la Comunidad de Madrid inventó un sistema (el de la libre elección) para poder pagar a estos hospitales cantidades adicionales por atender a pacientes de fuera de su zona. Fueron en total 2.354 millones de euros más de lo asignado para la atención “normal” a los pacientes correspondientes cada uno de esos centros sanitarios. Pues ni siquiera con ese jugoso premio. Ni por esas.

No se debería jugar con la salud pública pero si se juega, al menos que sea para ganar, porque de otro modo a la muy discutible opción de nuestra derecha de: “mejor privado que público”, se añade la ineptitud flagrante de quienes tanto presumen de buenos gestores.


martes, 2 de diciembre de 2025

La derecha adora al PSOE

Tiempo de lectura 2 min 44 seg

A la derecha el PSOE le encanta. Lo adora, lo ama, lo quiere, lo aprecia, lo
estima… bastante (como dirían Les Luthiers), siempre -eso sí- que se trate del PSOE “de antes”. Porque, si se fijan bien, siempre hay un PSOE “de antes”, lleno de virtudes, faro de responsabilidad, modelo de partido consciente y comprometido con España. 

Sucede, sin embargo, que aquel PSOE que tanto añora hoy nuestra derecha es el mismo PSOE al que en su momento, cuando era el PSOE “de temporada”, criticaban con ferocidad e indignación similares a las que se usan contra el de hoy. A aquel PSOE “de antes” la derecha de entonces no solo lo reprendía con argumentos similares a los que utiliza contra el de hoy, sino que se hartaba también de confrontarlo con el -para ellos- magnífico “PSOE de todavía antes”, olvidando que mientras estaba fresco, a aquel “PSOE de todavía antes” lo denostaban durísimamente en comparación con el “PSOE de aún antes todavía”.

Pablo Iglesias Posse pasó de ser un sinvergüenza corrupto que representaba falsamente a los obreros mientras él disponía nada menos que de un gabán, a ser el referente moral que los pérfidos socialistas de los 80´s habían marginado a los retratos en las sedes socialistas. ¡Si Pablo Iglesias levantara la cabeza! -decían entonces.

Julián Besteiro, intolerable marxista, nefasto contaminador de estudiantes, merecedor del fusilamiento al que, en efecto, fue condenado, devino en intelectual valiosísimo, orgullo de España y recuerdo que avergonzaba al inaceptable PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra.

¿Qué decir de Felipe González? que se empeñaba en ganar elecciones durante un periodo intolerablemente largo para la derecha y que para echarlo tuvieron incluso que “poner en riesgo las instituciones del Estado”, sin embargo convertido hoy en referente de adoración y esperanza para la patria.

El calificado en su momento como traidor a las víctimas, cómplice objetivo de ETA, Alfredo Pérez Rubalcaba, tuvo un reconocimiento prácticamente unánime como muñidor de la victoria de la democracia contra el terrorismo. Eso sí, tuvo que morirse primero. Su frase “en España enterramos muy bien” demostró la inteligencia que se le reconocería unánimemente después de fallecer.

A Zapatero aún lo odian porque, al parecer, no ha aviejado como debiera y aún mantiene contacto y lealtad al PSOE de hoy, al siempre peor PSOE posible para nuestra derecha, que tanto quiere y tanto debe al PSOE de antes y al de antes de antes, y al de antes de antes de antes.

A mi todo este amor, aunque venga siempre con retraso, me enternece y me confirma en el acierto definitivo de lo que en su momento se presentaba como intolerable.

Ahora, con Pedro Sánchez al frente del Partido Socialista, la inquina y el odio de la derecha se ha intensificado tanto que solo esperan su salida urgente, preferiblemente a la cárcel, para que el PSOE recupere las virtudes del pasado que la malignidad del perro ha arrebatado a los magníficos socialistas “de antes” que, al parecer, se mantienen agazapados y sobre los que la derecha vuelca todas sus esperanzas de que el PSOE vuelva a ser el de Rubalcaba, el de Felipe, el de Besterio o el de Iglesias, aquel que tanto odiaron cuando correspondía.

Así que no se sorprendan el día en que al PSOE del futuro, que, naturalmente, no será el de ninguno de esos líderes lo ataque la derecha con ferocidad renovada y tecnologías actualizadas y que, para despreciarlo, lo comparen con el estupendo PSOE de Pedro Sánchez, que levantó la economía, que era referente de las instituciones europeas e internacionales, que mejoró los salarios rebajó el paro y puso a España al frente de la UE. Al tiempo.