domingo, 8 de junio de 2014

¿Desde cuándo es el PSOE republicano?

Mi abuelo, que no era socialista, tenía estas fotos en el salón

Aunque el titular parezca una pregunta retórica, no lo es. Es más, conviene hacerse de verdad esa pregunta ahora que todo el mundo proclama que el PSOE es un partido republicano “desde siempre”.

El PSOE se hace republicano en 1930. Es decir 51 años después de su fundación. Esa es la respuesta a la pregunta.

¿Quiere eso decir que el PSOE era antes de eso un partido monárquico? Obviamente no. Lo que quiere decir es que las preocupaciones de los socialistas desde su misma fundación no fueron dirigidas a la forma de Estado sino a las condiciones de vida de los trabajadores. La auténtica continuidad que puede verse en la historia del socialismo español no es el republicanismo sino el empoderamiento de los humildes, la modernización y la democratización efectiva del país.

Es cierto que el PSOE fue un elemento clave en la Segunda República Española, como lo había sido antes en otros periodos, pero de ningún modo estuvo entre sus promotores. El PSOE estuvo ausente del llamado Pacto de San Sebastián, que fue el pistoletazo de salida de la Segunda República y que se acordó en la sede donostiarra de Unión Republicana.

Allí estuvieron Lerroux, Azaña, Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz, Niceto Alcalá-Zamora y Casares Quiroga, entre otros; todos en representación de los partidos republicanos de toda condición pero el PSOE faltó. Solo Indalecio Prieto, bestia negra de los segmentos más izquierdistas del partido, asistió a aquella cita a título exclusivamente personal. Alguno querría expulsarle por ello.

Porque tal ausencia no fue ningún descuido. La corriente mayoritaria del Partido Socialista seguía considerando aquella propuesta antimonárquica como un asunto exclusivo de la burguesía, en el que no se debía entrar bajo ningún concepto. Tanto fue así que el Presidente del PSOE, Julián Besteiro, ferozmente opuesto a cualquier compromiso con los republicanos, al verse sobrepasado por las tesis favorables al acuerdo de Prieto y de Largo Caballero, dimitió de su cargo junto con buena parte de la dirección y se montó un buen lío.

Ciertamente una vez proclamada la Segunda República, el PSOE se adhirió de forma completa al nuevo régimen hasta el punto de que el propio Besteiro sería el primer Presidente de las Cortes republicanas.

Tampoco puede ocultarse que el levantamiento del General Franco, la guerra y la dictadura rompieron cruelmente la legitimidad de la República y que la traumática desaparición del régimen que había sido esperanza cierta de modernidad y democracia, contribuyó a generar una visión bastante mitológica de aquella época que es la que, me temo, está sustentando tanto agitar de banderas de estos días.

O sea que, para que nos entendamos: fueron los heterodoxos socialistas los que vieron entonces que la República iba a ser el inicio de un nuevo tiempo en el que había que estar. Así lo había dicho Prieto en el Ateneo de Madrid aquel mismo año de 1930: “es una hora de definiciones... hay que estar con el Rey o contra el Rey" y fueron justamente los socialistas ortodoxos, los defensores de las doctrinas más esenciales, los que se opusieron a aquel compromiso con la República que creían que no iba con el socialismo.

Algo no muy distinto ocurrió muchos años después, en mayo de 1979, en el 28º congreso del PSOE, en el que de nuevo se enfrentaron la ortodoxia socialista y un líder que veía, también esta vez, que los socialistas debían cambiar para convertirse en un partido socialdemócrata europeo al uso y comprometerse en primera línea en aquel nuevo régimen de democracia parlamentaria que se estaba estrenando con el reinado de Juan Carlos I. Lo que Felipe González dijo entonces aún resuena “hay que ser socialistas antes que marxistas

Ahora que el republicanismo del PSOE se da por supuestísimo, es buena paradoja recordar que fueron los “socialistas impuros” quienes “pastelearon” para que llegase la República y lo hicieron contra la opinión enardecida y los reproches de los puristas y que -¡qué cosas!- hoy son estos últimos los que enarbolan aquellas banderas tricolores como emblemas de autenticidad socialista contra los pragmáticos.

Ahora que, nuevamente, España se encuentra en un momento crítico (y el PSOE aún más) y que se van a tomar decisiones que marcarán el futuro del país, va a hacer mucha falta que el Partido Socialista vuelva a mirar por encima del humo y cambie de arriba abajo pero para renovar su capacidad para seguir en la senda del que ha sido su auténtico itinerario histórico, que es el de ser útil a la sociedad que necesita de un partido progresista con poder, que esté presente allí donde se deciden las cosas. Tal y como ha hecho durante el reinado de Juan Carlos I.

Es evidente que la tentación de agarrarse a la confortable seguridad emocional de la ortodoxia, sea ésta obrerista, marxista o republicana ha estado siempre ahí y, por supuesto, sigue estándolo hoy. Pero es que el cambio y la renovación siempre han pasado por superar esa permanente tentación esencialista para hacer algo mucho más incómodo pero más importante: ser útil en lugar de puro.



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