sábado, 22 de noviembre de 2014

Los leprosos del PSOE


Leo con asombro que el PSOE quiere aclarar con José Blanco, ex Vicesecretario General del partido y ex ministro si recibió alguna ayuda económica para su defensa cuando fue acusado de tráfico de influencias en el caso llamado “Campeón”, que fue finalmente archivado. Si así fuese, se determinará si se trató de una ayuda o de un préstamo, en cuyo caso el antiguo dirigente deberá reintegrar el dinero. Todo esto -eso sí- de forma amistosa ¡faltaría más entre compañeros!

En la misma noticia leo también que el Partido Socialista se ha negado a pagar la defensa de los ex presidentes andaluces José Antonio Griñán y Manuel Chaves en el Tribunal Supremo por el caso del fraude de los ERE. Tampoco pagará el letrado a los otros tres parlamentarios socialistas, Gaspar Zarrías, José Antonio Viera y Mar Moreno.

Este péndulo de la transparencia ha pasado de apoyar ciegamente a los propios, hiciesen lo que hiciesen, a abandonarlos a la primera acusación que se les haga e incluso a reclamar la devolución de los gastos de su defensa a los que fueron falsamente acusados por ser socialistas. Porque dos años de acusaciones contra José Blanco no pueden resumirse en un escueto “”fue archivado”. No. El Supremo desmontó todas las acusaciones, destapo las mentiras contadas por un empresario corrupto y desautorizó las acusaciones de tráfico de influencias y cohecho. Es decir que sencillamente no hubo delito, por eso “se archivó” suena a expresión maliciosa, que trata de dejar en el aire la duda. No hubo ninguna duda, lo que hubo fueron mentiras. Y no lo digo yo, lo dijo el Tribunal Supremo antes de “archivar” el caso.

Pero está visto que al PSOE lo que le importa son los titulares, que son los que mandan y, como todo el mundo sabe, los titulares ya ha juzgado y condenado a Chaves y a Griñán, como juzgaron y condenaron en su día a Blanco.

Lo que me asombra es que ya ni siquiera haber sido inocente del delito sirve para que al menos el Partido le pague a uno el abogado que defendió su honorabilidad cierta. Todo lo contrario, un día puede verse llamado a capítulo para explicar cómo fue eso de que, siendo inocente, recibiste nuestra ayuda para demostrarlo.

Solo me queda pensar que el miedo ya es tanto que basta la acusación para generar una mancha indeleble de la que todo el partido huye despavorido. Que nuestra estampida pueda ser percibida por la opinión pública como un reconocimiento velado de culpa del socialista acusado, no solo no nos importa sino que es un valor expresamente buscado. El abandono en el lazareto político de los señalados, cierta o falsamente, como impuros debe ser inmediato y total. Tiene que notarse que somos los primeros y los que más desconfiamos de nuestros propios compañeros. Por eso es la prisa, muy mala consejera de la justicia pero imprescindible compañera del linchamiento

Aviso a navegantes socialistas. Quien opte a ir en alguna lista del PSOE, que vaya tomando nota: Cuando estalle la tormenta te dejaremos solo, y lo haremos, además, al primer rayo. Para que nuestra reputación quede limpia, te sacrificaremos sin importar si eres culpable de algo o no. Para saberlo deberíamos pararnos a escucharte y a conocer los hechos y no tenemos tiempo, nuestra carrera es contra los titulares de mañana. Compréndelo, no es nada personal, solo negocios.

martes, 18 de noviembre de 2014

Mucho cuidado con su viejo álbum de fotos

Reconstrucción de la cara de Maximilien de Robespierre

El bombardeo diario de escándalos relacionados con la política no solo está destruyendo a las personas y la credibilidad de instituciones y partidos afectados sino que está teniendo otras consecuencias menos higiénicas. El humo de tanta bomba lo ensucia todo y está generando un ambiente oscuro e inquietante, en donde todos los gatos parecen pardos, o incluso negros.

Cuentan que el 21 de julio del año 1209, cuando las tropas al servicio del Papa Inocencio III conquistaron la ciudad cátara de Béziers, el inquisidor y Legado Papal, Arnaldo Amalrico, incapaz de distinguir entre los prisioneros a los buenos cristianos de los herejes ordenó: ¡Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos!. A veces pienso que nos está pasando algo parecido. Ya hay quien ha dicho con suficiencia ¡caerán todos! sin que se sepa bien hasta donde llegará ese concepto “todos” tan grande él. Volviendo a la historia recordaré que Robespierre, el incorruptible, que lideró la limpieza ideológica de la Francia revolucionaria, fue también guillotinado el 28 de julio de 1794. Y es que todos, son todos.

Contagiosa y peligrosa como el ébola, esta marea de indignación desbordada que asola la vida pública española empieza no ya a no distinguir sino, lo que es más peligroso, a importarle una mierda distinguir o no.

Por razones profesionales conocí en tiempos (no sé si debería decirlo) el trabajo de la Fundación Metrópoli, que es una entidad de profesionales extraordinarios dedicados a cosas tan extrañas y asombrosas como la reflexión, el estudio detallado y la generación de propuestas para mejorar la vida y el futuro de las ciudades. Para que se entienda: justamente hacen esas cosas que siempre reclamamos que alguien debiera haber hecho cuando, años después, descubrimos algún fracaso irreversible producto de la falta de reflexión previa.

Bueno pues resulta que esta fundación de extraños alquimistas urbanos, que lleva muchos años trabajando en ciudades de todo el mundo, recibió de nuestro ayuntamiento el encargo de realizar un estudio sobre los barrios de Bilbao, que trataba de pensar en cómo evitar que en una ciudad como la nuestra el centro, tan atractivo y accesible, acabe un día desertizando la periferia. “Corazones de barrio”, se llamó el proyecto.

Pero hete aquí que seis años antes de recibir ese encargo de una institución vasca la Fundación Metrópoli había tenido relación con otro vasco ilustre, el Sr. Urdangarin, que llegó a ser nombrado miembro de su Consejo Asesor Internacional. La cosa duró unos meses, es de suponer que porque enseguida se vio que el yerno Real lo que vendía era un poco de humo, como el de la bombas, y su propia cara, que esa sí era mucha. A la vista de que no iba a ayudar en nada y menos aún a trabajar, parece que abandonó el lugar sin que nada saliese adelante y sin que se moviera un euro.

Pero aquella foto con el responsable del instituto Noos ha logrado contaminar el prestigio de la Fundación Metrópoli ante nuestro Pleno municipal que, como si se tratase del de una discoteca, quiere ahora revisar con lupa cada detalle del expediente a ver si encuentra alguna coma mal o si apareciese en él rastro de connivencia herética con El Maligno.

Si ha tenido usted vida social o profesional, por si acaso va ser mejor que antes de enseñar sus álbumes de fotos a las visitas les eche un vistazo a fondo, que nunca se sabe dónde puede haber una imagen perturbadora y le recuerdo que los delatores de la inquisición se hacían llamar “familiares”.

Tengo un amigo que compraba en el mismo Eroski que Urdangarin cuando estaba en Vitoria y que recuerda haberse cruzado con él empujando el carro. Está acojonao. Aunque lo mío es peor, puestos a confesar: tengo una foto bien jovencito con Felipe González. No sé ni cómo este periódico se atreve a publicarme.

Publicado en El Diario Norte el 16 de noviembre de 2014

En Bizkaibus tampoco sabemos qué falló ni siquiera si algo falló

Teresa Romero, curada

Recientemente hemos tenido una huelga en los servicios de transporte Bizkaibus cuyos motivos y circunstancias, les confieso, no he conseguido entender en ningún momento.

Durante los paros, la responsable foral de transportes repetía con rotundidad y aplomo que no estaba previsto despido alguno, ni rebajas salariales, que se trataba una huelga sin motivos y que en el fondo del conflicto discurría un enfrentamiento entre sindicatos. Éstos, por el contrario (y con idéntica determinación a la de la diputada) protestaban unánimes por el incumplimiento de unos acuerdos previos y por discrepancias sobre un calendario de implantación de nuevas líneas que amenazaba los empleos. Yo creía que los despidos y los empleos eran cosas fáciles de contar pero parece que no, que hay interpretaciones.

Era una bronca para iniciados, sobre la que sospecho que sobrevolaba el cuervo negro de la desconfianza y, de hecho, no ha resultado fácil explicarla para los medios de comunicación que se han ocupado de ella. Soy consciente de que un profano como yo puede no estar al tanto de los entresijos de cada sector, incluso los que nos afectan más directamente como el transporte, pero también me parece que profano sí pero ciudadano también, a una huelga, y más en servicios públicos, le viene de perlas que se puedan explicar los motivos que la impulsan de forma razonablemente clara. Sobre todo porque no cabe pensar que las 90.000 personas que se han visto afectadas deban ser expertas en la negociación colectiva del transporte y se cosquen a la primera del busilis de la cosa.

No ha podido ser. Y a los vizcaínos nos ha pasado un poco como a la sanitaria felizmente curada Teresa Romero que “ni sabe qué falló ni siquiera si algo falló”. Aliviados por la desconvocatoria de la huelga tampoco sabemos lo que pasó en el servicio de Bizkaibus ni si pasó o no pasó algo. Y no acaban ahí los paralelismos: Si los médicos del Carlos III han dicho no saber qué es lo que ha curado a Teresa, nosotros tampoco sabemos qué es lo que ha resultado tan satisfactorio que ha supuesto la rápida resolución de un conflicto que parecía enconado y amenazaba con prolongarse y generar muchos inconvenientes.

Bien está lo que bien acaba pero les confieso que el capítulo final de esta huelga ha sido, al menos para mí, el más abracadabrante de todos. Parece que el diputado general se puso en contacto directo, por 'wasap' y por sorpresa, con un sindicalista concreto, tanto que fue a verle personalmente a su sede sindical, por cuya puerta entró legítimamente y a la vista de todo el mundo. Después habló con otro sindicalista y a partir de entonces el enfrentamiento dio la vuelta, para bien, en cuestión de horas.

Todos dicen que el acuerdo es satisfactorio, incluso los sindicatos que no fueron “agraciados” con esos contactos, lo que es muy buena noticia pero lo más asombroso es que ha habido una bronca notable, con muchos más 'wasaps' y 'mails' para que se firmase un documento unitario de todas las centrales en el que se pretendía decir incluso cosas como que la visita del diputado general no había existido.

A estas alturas solo cabe alegrarme mucho de que la señora Romero ya no tenga rastro de ébola y de que nuestros autobuses verdes sigan discurriendo con normalidad pero, si les digo la verdad, en ambos casos me pasa como cuando veo una película en V.O. sin subtítulos, que cuando llego al final resulta que no me he enterado de nada.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Como no gane Podemos

Foto 20 Minutos

Ha dicho Pablo Iglesias que lo suyo no es ningún experimento, que van a por todas así que están de más esas interpretaciones de que esto es una llamada de atención a los partidos “tradicionales” o “del Régimen del 78” o “de la casta”. El partido que acaba de estrenar Secretario General y Junta directiva tiene vocación de poder y ninguna intención de convertirse en un pintoresco e interesante fenómeno sociológico.

Dicen, con razón, que son un partido sin hipotecas, sin mancha, que puede presentarse ante la sociedad limpio de cualquier problema. Así es. Son como un recién nacido, al que nadie puede reprochar aún nada. Por si fuera poco, a esa “inocencia por omisión”, hemos de añadir la inmensa sobrelegitimidad que le está concediendo una opinión pública entregada, por contraste con el hastío que le producen los demás partidos. El resultado es que a Podemos se le aceptan y aun aplauden las mismas cosas que a los demás partidos se les reprochan con dureza y sin piedad.
  • Si en cualquier debate televisivo alguien descalifica personalmente a quien acude en nombre de Podemos, se le critica duramente, mientras que a ellos se les acepta y jalea cuando descalifican a todos los demás políticos.
  • Si a un partido de los que ellos descalifican se le ocurriera hacer unas elecciones internas y el 57% de los militantes se abstuviese de acudir a la urnas no dudo un momento de que tal resultado merecería el calificativo de fracaso total. En cambio cuando lo hace Podemos ese mismo 43% de participación solo ha merecido parabienes y aplausos.
  • La expresión “a la búlgara” se inventó para denunciar la falta de democracia de un partido en el que los resultados fueran sospechosamente abultados a favor de la dirección. En Podemos la dirección saca 95.311 votos y su contrincante interno 995 y nadie osa ni toserles.
  • Las abominables listas cerradas solo merecen tal calificativo cuando las hacen los otros partidos, cuando la dirección de Pablo Iglesias presenta listas completas, cerradas, que se votan en bloque con un solo clic y copa así todos los órganos de dirección y también los de control y también los de “garantías democráticas” del nuevo partido, no pasa nada.
Todo este trato de favor público, que en algunas televisiones alcanza tintes grotescos, me parece comprensible. No puede mirarse con los mismos ojos al simpático recién llegado que al pesado de siempre y es normal que lo que se perdona al nuevo no se tolere al experimentado.

Mientras sea la opinión indignada y publicada la que ponga las reglas, seguirá siendo así, seguirá funcionando sin demasiados problemas esa especie de “embudo proPodemos” pero a mí me preocupa que un día van a llegar las Elecciones Generales esas a las que se quieren presentar y allí lo que funcionará será la Ley Electoral y no el favoritismo sociológico. Podemos tendrá que presentar listas en todas las provincias, en las que tiene mucho apoyo y en las que no lo tiene tanto y, les guste o no, su votos contarán lo mismo que los de los demás partidos, no valdrán las encuestas sino solo las papeletas efectivamente introducidas en las urnas, los demás partidos también se presentarán a las elecciones y lo harán razonablemente organizados, no como los contrincantes internos de Iglesias y Monedero, y ni siquiera se podrá votar por Internet.

Así que podemos encontrarnos con el “asombroso” hecho de que Podemos, aun siendo gente tan simpática, no gane las elecciones. ¿Y entonces qué? Pues temo que entonces la democracia española se encuentre con que un enorme sector de la opinión pública simplemente diga que las elecciones no son válidas, que la ley electoral no es justa (ninguna lo es del todo) y que no puede ser y que esto es otro abuso y que lo de la casta y que todo eso... El resultado puede ser una deslegitimación general, y televisada (audiencias mandan), no de los partidos “del régimen” como ellos dicen, sino de la propia democracia española. Y solo nos faltaba.

Otros se están ocupando de imaginar lo que puede pasar si ganan. A mi me preocupa también lo que puede pasar si no ganan.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Intermibús


Empezaré por reconocer que con la que está cayendo, cualquier referencia a la política que no sea para sumarse al coro de voces que denuncian los abusos y reclaman medidas contundentes puede ser vista como una excentricidad. En tiempos de inmediatez absoluta, sé que señalar consecuencias a largo plazo de las decisiones políticas me saca del campo de juego así que aviso al lector o lectora de que puede abandonar este texto aquí mismo porque, precisamente, me voy a referir no a una cosa horrible e indignante de esas que nos llegan cada hora, sino a las consecuencias que tienen las decisiones políticas erróneas mucho tiempo después de que se tomen mal, o de que no se tomen.

¿Todavía está usted aquí? Pues entonces le contaré que hace muchos, muchos años, allá por 1985 se presentó en Bilbao un gran proyecto para unificar en un mismo espacio el transporte tanto ferroviario como de autobuses. Venía firmado por dos grandes arquitectos: James Stirling (premio Pritzker 1981) y su socio Michael Wilford. Fue uno de los primeros grandes proyectos de arquitectura de la ciudad y, por si fuera poco, reverdecía una idea de modernidad urbana impulsada por un ilustre ministro de la República, el bilbaíno Indalecio Prieto, al que la estación de Abando rinde homenaje desde hace pocos años. No sin polémica, claro.

La idea era excelente; el proyecto, magnífico; la obra, compleja; el precio…pues alto. La ciudad reparaba un tremendo e histórico desgarro urbano que aún tiene. Tantas virtudes había que a nadie le pareció que la necesidad del concurso y colaboración de diversas instituciones y empresas públicas fuese a ser un obstáculo, pero lo fue. De modo que después de muchos años de aquí para allá, la cosa se apagó. Ni que decir tiene que nadie se puso la careta del malo pero entre todos la mataron y ella sola se murió. Para que vean que en Bilbao no todo han sido triunfos de la arquitectura de vanguardia.

Lo peor fue que, durante años, a la espera del advenimiento de aquel proyecto extraordinario, que tanto se ponderaba en los despachos oficiales, se mantuvo paralizada cualquier solución a la entonces caótica situación de las líneas de autobuses interurbanos. Finalmente, en 1996, se asfaltó provisionalmente una zona en Garellano, se le puso una carpa de tela encima, se le llamó Termibús y se llevaron allí las paradas de autobuses hasta entonces diseminadas en grandes lonjas sitas en las calles más céntricas de la ciudad. Algo inenarrable ¡oiga!

Aún recuerdo alguna crítica a aquella pequeña decisión cabal por parte de quienes, tal vez, creían que el caos resultaba buen argumento para ayudar a desbloquear el gran proyecto que ya empezaba a desfallecer.

Tranquilos que todo es provisional –se dijo- y bien que lo entendió así una tormenta que un día vino y se llevó la carpa. Hubo que colocar nuevas tejavanas provisionales, taquillas provisionales, un bar provisional, una consigna provisional, aseos provisionales… Y así hasta hoy. La resaca de aquel magnífico proyecto fallido nos ha tenido instalados en la provisionalidad durante décadas y cuando, por fin, se terminó aceptando que Termibús seguirá donde está acaso para siempre, esa certeza nos vino de la mano de la crisis ¡mecachis! y el mucho más modesto proyecto de soterrar y dignificar la estación de autobuses no ha podido ser. Lo que nos condena una nueva y quizás interminable espera. Mientras tanto nuestros flamantes turistas alucinan al ver el engendro en el que les desembarca la metrópoli del titanio.

Resultó que tratando de asaltar el cielo de la intermodal despreciamos la posibilidad de consensuar un arreglo algo más terrenal en Termibús. Y así llevamos décadas penando, y lo que te rondaré.

Me dirán, con razón, que al lado de robar estos deslices de la política son peccata minuta pero yo les animo a pensar en cosas que no existen pero que podría haber existido (y viceversa) si las decisiones políticas hubiesen sido más prudentes y menos entusiastas. Lo digo ahora para cuando la política vuelva a ser una cosa normal y no provisional, como es hoy. Para cuando vuelva a pensar en la próxima generación y no en la próxima elección.

Publicado en eldiarionorte.es el 2 de noviembre de 2014

martes, 28 de octubre de 2014

La democracia según San Lucas


¡Ay de aquel que escandalice! Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar. (Lucas 17,1-6).

Da la impresión de que nuestra rica tradición católica está mucho más a flor de piel de lo que podríamos pensar. Al menos así lo parece en Bilbao, donde estamos asistiendo en las últimas semanas a la condena social de unos empresarios que se han creído que podían acogerse a la Ley para abrir una discoteca en un edificio industrial en el que tal actividad está permitida. La reacción de los vecinos del entorno entra dentro de lo esperable. A nadie le gusta tener un lugar que genere movimientos y ruido nocturno cerca de su casa.

Lo que ya resulta mucho menos admisible es la vehemencia y pasión con que nuestro Ayuntamiento se ha mostrado no ya comprensivo con los vecinos, sino dispuesto a evitar a toda costa que ese proyecto -insisto- legal, pueda llegar a buen fin. Las manifestaciones públicas de nuestros ediles han sido tan inequívocas que sin duda habrán contribuido a tranquilizar al vecindario. Aunque se reconoce oficialmente que no hay nada que reprochar a los promotores los responsables de nuestro gobierno municipal se han mostrado dispuestos a mirar “con lupa hasta el último centímetro” del proyecto, con un evidente y manifiesto deseo de encontrar como sea algún resquicio que les permita impedir que la discoteca abra. Eso sí, procurando evitar que un desliz jurídico obligue a nuestra corporación, ya escaldada por otros casos, a indemnizar a un particular al que se le estaría negando su derecho a una actividad legal.

Bilbao parece que aspira a convertirse en la capital europea de los movimientos Nimby así que la escalada de declaraciones no ha tenido desperdicio: si los propios ediles han reprochado que “la juventud no está acostumbrada a salir en silencio de esos locales” (sic), algunos vecinos y vecinas han declarado cosas como que “casi todo el mundo saldrá borracho”, “les dará por tirar todo lo que encuentren por delante”, “no quedará nada en pie”; profecías que demuestran que si nuestros concejales son devotos de San Lucas, la vecindad lo es directamente del Apocalipsis.

Que el local en cuestión se encuentre a 500 metros de una afamada facultad de Derecho no le ha servido para encontrar aliado alguno. No están los tiempos para enfrentarse a la oclocracia que asola el país, ni para los profesionales de la Justicia ni menos aún para quienes ya atisban las próximas elecciones municipales.

De hecho, la oposición, unánime en este caso, si algo ha reprochado ha sido la actitud titubeante del gobierno local, que miraba timorato el resquicio de la Ley en lugar de tirar ‘palante’, caiga quien caiga (la Ley incluida) que para eso somos de Bilbao.

Así que el asunto parece que va a arreglarse a lo grande y por la vía legal; se va a cambiar nada menos que el Plan General (PGOU), esa especie de Constitución urbanística de nuestros ayuntamientos, que vino de la mano de la democracia, que permitió planificar racionalmente nuestras urbes y que ahora va a modificarse a uña de caballo para evitar que se abra un local de ocio concreto en un lugar concreto. La Ley se reformará para evitar esa discoteca, y supongo que todas las demás. Solo espero que ningún movimiento vecinal venga un día a reclamarlas, no sea que haya que volver a cambiar la Ley para darle satisfacción.

Llama la atención que los mismos responsables municipales que se precian de parar este proyecto hayan dicho esta misma semana que quieren que Bilbao sea una ciudad universitaria. Digo yo que pensarán en universitarios de esos de corbatita, jersey de pico y a las 10 en la cama, que mañana hay que ir a clase y estudiar mucho. No sé si será posible conseguir una ciudad más universitaria pero ya anticipo que estudiantes de esos no los vamos a pillar jamás, ni siquiera en esa universidad católica que contempla en silencio la victoria de la pancarta sobre la Ley, que se desarrolla a solo 500 metros de sus nobles aulas.

Con todo, para mí lo más escalofriante ha sido una expresión de una de las vecinas contrarias a la discoteca que ha declarado con sincero desparpajo: “Es una lástima que la gente no pueda ser dueña de sí misma y rechazar lo que a casi nadie nos gusta”. Me extraña que a la oposición minoritaria, que tanto ha jaleado las protestas, no le cause inquietud una reivindicación tan nítidamente partidaria de la piedra de moler.

Publicado en eldiarionorte.es el 27 de octubre de 2014

lunes, 20 de octubre de 2014

Ciudades idiotas


Tal vez haya oído usted hablar de las Smart Cities o “ciudades inteligentes”. Es un término con el que se quieren distinguir aquellas urbes con vocación de sumarse a la modernidad de las nuevas tecnologías y, mediante ellas, ofrecer a propios y visitantes muchos datos útiles y de interés, desde la calidad del aire hasta la congestión de tráfico, pasando por las plazas libres que hay en cada parking o lo que va a tardar el próximo bus.

No hemos hecho más que empezar. En pocos años la cantidad de información que podremos obtener así se va a multiplicar y lo harán también los aparatos mediante los que la obtendremos. La llamada “realidad aumentada”, que es la que combina lo que vemos en la realidad con los muchos otros datos informativos que nos ofrecerá ese entorno “smart” está dando ya pasos en el sector turístico, por ejemplo, y entrará en otros campos, sin duda alguna. Así que prepárense para acostumbrarse no ya a que todo el mundo vayamos mirando el móvil por la calle sino también a las gafas tecnológicas esas que nos permitirán “ver” la realidad y también otras muchas informaciones, todo a la vez. Miedo me da confundir un día una farola real con la de “realidad aumentada”.

Pero mientras el lector o lectora emula a Don Hilarión y contempla cómo adelantan los tiempos y cómo la tecnología se abre paso con rapidez y gran contento de nuestras instituciones, siempre tan encantadas de fotografiarse en entornos innovadores, le deseo fervientemente que no tenga usted necesidad de acudir a esas mismas instituciones a tramitar cosas normales, de las de toda la vida, porque descubrirá que el reservorio místico del sagrado papel y la pasión en utilizarlo para todo siguen ahí, impertérritos.

Cada vez que me veo en la tesitura de hacer trámites administrativos hay algo que me resulta completamente asombroso y es ver cómo los múltiples certificados y documentos que le pedirán en una u otra ventanilla los expide siempre un ordenador. Pero lo hace en papel, para que tenga que ser usted, en coche, moto, bici, bus o andando, quien lleve ese papel a otra institución (o a otra sede de la misma) donde se lo recogerán y lo adjuntarán a un expediente (acaso para digitalizarlo después, en cuyo caso ya sería la locura). No es raro que una institución Foral le pida a usted un documento (en papel) que acredite que es usted titular de la cuenta en la que Hacienda Foral le cobra el IRPF. No se extrañe si esa institución o el mismo ayuntamiento le exigen un papel; un papel ¿eh?, que certifique ante ese mismo ayuntamiento que usted vive donde usted dice que vive, que es justo donde le mandan la correspondencia municipal. También pueden pedirle –se lo digo yo- que demuestre (con un papel) que es dueño del vehículo por el que el mismo ayuntamiento que le exige el papel le cobra el impuesto de circulación. No sigo… Excuso decir que todas esas gestiones han de hacerse, faltaría más, personalmente y en horario laboral.

Resulta que la información más inconcreta y cambiante, como la meteorología o las plazas libres de aparcamiento la conocemos al momento pero es una odisea localizar los datos ciertos y fehacientes sobre usted mismo que, como dicen en su propia jerga, “obran en esta oficina”.

Las “smart cities” son ciudades capaces de obtener mucha información, manejarla y ofrecerla a sus ciudadanos en forma comprensible, útil y en tiempo real. No sé qué nombre deberían tener las ciudades que disponen de toda la información en formato digital y que, sin embargo, son incapaces de consultarla por sí mismas y necesitan que usted vaya a hacer una cola (con un sistema digital de turnos ¡tela!) para que le den un papel donde consta lo que ellas mismas ya sabían.

Bueno, tal vez sí se me ocurre un nombre.

Publicado en eldiarionorte.es el 20 de octubre de 2014

lunes, 13 de octubre de 2014

¿De qué va a vivir Bilbao?


A mi hijo mayor y a mi ciudad les está pasando algo parecido. Ambos están en pleno momento de transición, con lo anterior ya acabando pero todavía sin una idea ni aproximada de lo que pueda venir en adelante, de cómo irá tomando forma su futuro. Por supuesto que al chico se le nota más la inquietud pero a la ciudad también se la ve dubitativa y con desasosiego.

Estos días hemos sabido que en nuestro ayuntamiento va a haber un cambio profundo y que las próximas elecciones van a certificar el fin de la era Azkuna, uno de esos alcaldes emblemáticos que las tres capitales vascas han tenido en algún momento y, para nosotros, símbolo de una época. Se prevé el inicio de una nueva etapa, con caras nuevas en los partidos de siempre y quién sabe si con caras nuevas de partidos también nuevos.

A quienes elijamos los bilbaínos les tocará estrenar nueva agenda de prioridades. Aún queda alguna gran obra pendiente de la época anterior, como la que un día habrá que hacer en el entorno de la Estación ferroviaria de Abando, pero la auténtica estrategia de futuro de la ciudad está por diseñar.

Leo que el jueves pasado se iniciaron en Lund (Suecia) las obras de construcción de la fuente de neutrones por espalación, la ESS. Dicen que asistieron cientos de científicos de todo el mundo y también dicen que pocos o ningún político. La noticia me recordaba inevitablemente el esfuerzo, muy político, que se hizo para traer esa misteriosa infraestructura a Bilbao.

El turismo, cosa antaño desconocida para los que peinamos menos pelo y alguna cana, nos ha traído un movimiento nada despreciable. Hemos tanteado también, con bastante éxito, la imagen de ciudad que se reinventa a sí misma con imaginación, ambición y -en fin- contando también con bastante dinero (propio y de otros). Menudean las iniciativas institucionales de apoyo a mini-micro-nano-empresas, todas muy meritorias e innovadoras pero que no encuentran entre nosotros el mismo clima social que en California, para qué engañarnos.

La ciudad segura de sí misma, que siempre se supo urbe industrial, capital del Norte dicho así en general, anda desorientada respecto a su propio destino; sin posicionamiento, como decimos los de marketing. No hemos encontrado “esa gran industria que nos hace falta” y que un día reclamaba mi peluquero, pero lo peor es que casi todos empezamos a tener la sospecha de que no la va a haber, de que no vamos a vivir de una gran cosa, como antes, sino de muchas medianas y aun pequeñas. Acostumbrados como estuvimos al monocultivo, esa perspectiva nos llena de turbación.

La crisis nos ha puesto esta difícil tarea encima de la mesa con urgencia y de forma absolutamente descarnada así que quienes vayan a ser nuestros próximos responsables municipales ya saben que les corresponderá transitar por esa senda de incertidumbre tan incómoda. De sobra sé que no son los alcaldes los que levantan las ciudades, si acaso como mucho el ánimo, igual que nos pasa a los padres con los hijos. Pero espero que la apuesta de nuestros futuros ediles sea atrevida y capaz de mirar lejos, que no caigan en la fácil tentación de conformarse con ser los más grandes del barrio. Una pista: ESS son las siglas de la fuente de neutrones esa, pero en inglés, no en sueco, digo…

La parte buena es que mientras repensamos lo que queremos ser de mayores parece que estamos buscando cierta distracción llenando los teatros y dándoles una alegría a artistas y productores. No es mala cosa.

Publicado en "el diario norte.es" el 13 de octubre de 2014

jueves, 9 de octubre de 2014

La arquitectura ya no es 'tendencia'



A las buenas gentes de Bilbao lo que más nos gusta del museo Guggenheim, sin comparación, es el dinero que ha traído, que ha sido mucho. Luego ya viene lo del edificio, el perro de Jeff Koons, que Bilbao sea mundialmente conocida y todo lo demás. Pero lo primero es lo primero, y el éxito económico que supuso el museo fue tanto que sirvió para enterrar, como si nunca hubiesen existido, las críticas y los desprecios que el edificio y el proyecto museístico recibieron cuando aún eran obras inconclusas. El Guggenheim nos tiene a todos de padres y nadie recuerda ya que hubiese ninguna desafección original.

Es más, el extraño brillo del titanio pareció iluminarnos con alguna suerte de hechizo por la arquitectura de vanguardia y ya fue un no parar. No eras nadie si no opinabas sobre Gehry Isozaki, Pelli, Moneo, Hadid, Siza, Krier o Calatrava (de éste opinábamos más que de los otros). Los premios Pritzker de arquitectura -oiga- parecía que los daban en Azcarreta.

Por si fuera poco, los entendidos que nos visitaban se maravillaban de los edificios históricos del Ensanche y nos descubrían a nosotros un valor que habíamos ignorado hasta entonces, de tan vistos como los teníamos, con sus chorretones negros del humo barrido por la lluvia.

Pero debajo de esa novísima pasión seguía corriendo, telúrico y subterráneo como nuestro río Helguera, el auténtico ser tradicional bochero. La corriente que exigía que nada cambiase o que todo cambiase lo menos posible.

Por eso, antes de que la torre de Abandoibarra lograra romper el tabú de la altura, hubo nuevos edificios que pagaron su peaje cívico y tuvieron que ser mazacotes bajos y gruesos para contentar a una vecindad que no los quería ver altos y esbeltos.

No somos en Bilbao de términos medios. El titanio, el acero y el cristal iban por un lado mientras por otro se levantaba la defensa numantina de casi cualquier edificio " de toda la vida", cuyo derribo o sustitución se presentaba como una catástrofe urbanística, como poco. Así pasa que tenemos unos restos de fachada del Depósito Franco ahí puestos como si fuesen el decorado olvidado de una película. La última polémica tiene como objeto el antiguo edificio de Iberdrola, que rápidamente ha hecho surgir nuevos aficionados al racionalismo arquitectónico pero al que le ha salido un firme enemigo en el amianto maldito.

No crean que la cosa es de hoy. Ya en 1902, cuando Valentín Gorbeña y Severino de Achúcarro diseñaron la estación de la Concordia para la Compañía del Ferrocarril de Santander a Bilbao (la que está frente al Arriaga) voces autorizadas de la villa atronaron indignadas porque la llevaran allí, a las afueras, al otro lado de la Ría, a la recientemente anexionada anteiglesia de Abando. Absurda pretensión aquella que, para acercarse al tren, obligaba a cruzar el puente que te sacaba de Bilbao. Los atascos de carros, calesas, landós e incluso automóviles en el Arenal iban a ser de aúpa.

Como quien tuvo, retuvo, estos días hemos tenido a Lord Foster en Bilbao. Ha venido a recibir un premio en el Foro de Regeneración Urbana BIA y a visitar y firmar el metro de sus fosteritos después de casi veinte años de éxito. Lo merece, sin duda. Pero me da a mí que la crisis y sus recortes también han dejado a la vista la fragilidad de nuestra pasión por la vanguardia. Algún arquitecto amigo me dice que en su sector, como en todos, ya solo importa el precio y así parece que nuestra hasta ayer brillante cultura urbanística se ha marchitado a la primera sequía de dinero público.

Tal vez sea simplemente que, como todas las modas, la arquitectura avanzada y de postal ha tenido en Bilbao mucho de 'tendencia' pero ha transformado poco nuestra capacidad colectiva de aprender a apreciar el valor de las cosas nuevas y creativas y, claro, así nos sale enseguida el corazón tradicional; ese que, a falta de más información, cree que todo lo que conoce de antes es valioso y que no vale la pena explorar cosas nuevas que solo vienen a romper la armonía del Bilbao de siempre. ¿Habríamos aceptado hoy el Guggenheim de Frank Gerhy?

El artículo se publicó en "el diario norte.es" el 5 de octubre de 2014

¿Cuánta gasolina gastará esta bici?



Cuando era más joven de piernas, de pulmones… y de espíritu, solía utilizar a menudo la bicicleta en Bilbao. No creo que fuese el único pero, desde luego, era de los pocos. Tanto era así que, de cuando en cuando, aún encuentro excompañeros que me recuerdan por la costumbre de presentarme con ella en la Facultad (aunque las aulas de entonces estaban llenas de fumadores, temo secretamente que en realidad lo que recuerden sea el olor de aquellas sudadas). En todo caso cualquier cosa era mejor que el atestado autobús de la Uni.

Carente de afición deportiva alguna, sí pienso que la bicicleta es un modo fantástico de moverse en la ciudad, de modo que en cuanto se puso en marcha en Bilbao la iniciativa de las bicis municipales, me apunté enseguida y las uso con asiduidad. Tras bastantes mudanzas, ahora vivo en un barrio alto y a la comodidad de bajar en un pispás al centro se añade la íntima excitación de ir descubriendo, según encaro las primeras pendientes, qué tal tendrá los frenos ésta de hoy. Diré en favor de los servicios municipales, que sigo vivo.

La bici es un artilugio extraño que te convierte en una mezcla indefinible de peatón y vehículo. Una mezcla que inquieta mucho a los abundantísimos amigos del orden establecido, de las fronteras nítidas y de las rayas rojas. Tal vez sea por eso mismo por lo que me gusta tanto a mí. Lenta e incordiante en las calzadas pero fugaz y amenazadora en las aceras, la bici se resiste a encajar en casilleros cerrados, incluido el de los bidegorris, a los que no faltan quienes la quisieran condenar.

Ver tanto ciclista por Bilbao es uno de los muchos y buenos cambios que ha experimentado la ciudad. Y es también una alegría para los que nos la jugábamos en otro tiempo. Cuando la bicicleta se consolida como un elemento más de la movilidad, la velocidad de los coches tiende a ser menor, los accidentes disminuyen y en la calle se respira mejor que en las aulas de mi antigua facultad. Y eso es muy bueno.

Hay que reconocer, sin embargo, que las cuestas no ayudan, ni la lluvia tampoco pero también cuento entre los enemigos de una ciudad llena de ciclistas a quienes pedalean, veloces y hábiles, serpenteando entre los sobresaltados peatones (sospecho de aquellos que puedan ser los mismos que, cuando conducen, adelantan al ciclista rozando el manillar)

La bici ganará la batalla de la calle si sus usuarios somos conscientes de que es muchísimo mejor que los usos y fronteras de la bici urbana no sean objeto de la ley ni de los reglamentos municipales, sino que lo haga nuestro propio sentido común, la prudencia y también la cortesía. Justamente esas cosas que, con toda razón, exigimos en la calzada y que estamos igualmente obligados a aplicar cuando compartimos bidegorri y, ocasionalmente, la acera con los peatones.

Las urbes europeas en las que la bicicleta es dueña de la calle son también las que más solemos envidiar por su tráfico humano y tranquilo, lo que sin duda evidencia que pedalear en ciudad es un buen entrenamiento también para la civilidad. Si queremos que Bilbao se les parezca mejor será que no demos razones a tantos amigos de las línea rojas como hay, porque vendrán y nos las pondrán.

No puedo terminar sin confesar que siempre me queda la duda de cuánta gasolina consumen las bicicletas municipales que uso porque ni yo lo he hecho nunca ni jamás he visto a nadie pegarse una de mis sudadas juveniles para subir las cuestas del barrio a colocar una bici en aquellos anclajes. Siempre lo hace la furgoneta municipal. ¡Ay!

El artículo se publicó en "el diario norte.es" el 28 de setiembre de 2014

Bilbao y sus mareas


La última que nos ha llegado ha sido de finlandeses. Aunque iban bien pintados de azul y blanco enseguida se notaba que no eran de la Real, nada más había que verles, tan altos, tan rubios y sin una sola palestina al cuello.

Para acogerlos hubo que barrer apresuradamente los feos residuos de la también muy multitudinaria Aste Nagusia y -como bien se dijo- cambiar los vasos de plástico por otros de cristal.

Estos días hemos tenido a unos tipos tirándose del puente de la Salve en honor a una compañía de bebidas de esas que dicen que suben la adrenalina. Seguro que sí. Todo lo contrario de lo que pasaba con los pausados reflexivos, y quizás hasta un poquito desesperantes, grandes maestros de ajedrez que también han estado esta semana por la villa con sus cuidados movimientos y sus relojes dobles. Por si fuera poco, el sábado supimos que también vendrá a Bilbao la Eurocopa 2020.

Como las auténticas mareas de la ría ya no traen barcos o gabarras hasta el Arenal, nuestras instituciones andan esforzándose en crear otras crecidas que, como las de antaño, nos reporten riqueza, movimiento, compras y pernoctaciones. Nada que objetar a esta meritoria pasión institucional por convertir la ciudad en un punto de atracción para lo que sea, aunque a veces llegue a parecer que el honor mismo de esta noble villa residiese en el porcentaje de ocupación de sus hoteles.

Lo malo es que contra ese loable esfuerzo trabajan otras mareas, menos visibles, pero que estropean el resultado que con tanto ahínco se persigue. Bilbao es una ciudad más limpia, más habitable, más bonita, incluso más tranquila. Pero no es una ciudad joven, como sí fuimos cuando respirábamos humo y hollín. No somos una urbe pujante que rompe sus costuras sin orden ni cuidado, como pasaba en los barrios hoy rehabilitados. Las novedades llegan ahora de la mano del erario público, y bien está que lleguen, pero no encuentran una sociedad que responda con ímpetu y pasión, sino que lo hacemos con la actitud complaciente del buen vecino que, entrado en años, no es partidario del caos ni del ruido sino de ese confortable orden tan propio de las ciudades medianas.

Cuando se encadenan varios festivos el saldo entre las dos mareas, la de visitantes que llegan y la de locales que abandonan la ciudad resulta negativo. Y lo notan sobre todo los hosteleros y comerciantes que se animan heroicamente a abrir, incitados por el Ayuntamiento, reprochados por los sindicatos pero, sobre todo, abandonados por una clientela ausente. La marea de la crisis afecta a todos pero muy especialmente a los que por edad y libertad eran más de gastar con alegría y algún desorden.

Para levantar cabeza vamos a necesitar más prosperidad interna, un poco más de población y seguramente más desbarajuste. Habrá que ponerse a ello porque está visto que no vamos a poder confiarlo todo a las mareas.

El artículo se publicó en "el diario norte.es" el 21 de setiembre de 2014

Nueva etiqueta


Hace unas semanas inicié una colaboración semanal con el periódico digital “el diario.es”, en su edición vasca “el diario norte.es”.

La idea de los responsables de periódico es disponer de tres columnas referidas a cada una de las capitales vascas. Euskadi ha podido ser y puede que sea siempre un concepto polémico pero la existencia y el carácter de sus tres principales ciudades y de sus propios y muy diferentes microcosmos es de una certeza indiscutible y aplastante.

Los responsables del periódico me han hecho el honor de contar conmigo para escribir sobre mi ciudad, Bilbao. Incluso me pidieron que le pusiera nombre a la columna/blog y le he llamado “la baldosa suelta”. El nombre lo tomé de una característica deficiencia urbana, habitual en mi ciudad, que por ser reiterada y por producirse en una villa de clima lluvioso, deviene en incómodos sobresaltos y en menoscabo de la higiene de pantalones y medias. Por eso me pareció que reflejaba bien mi interés en referirme a las cosas que nos pasan a quienes andamos por Bilbao, en todos los sentidos del andar.

En esta pequeña aventura se han embarcado también Izaskun Arana, que desde San Sebastián escribe el blog “Bahía Entusiasmo” y en Vitoria Elena Zudaire, que ha llamado a su columna “Almendra ácida”. No conozco a ninguna de estas dos mujeres pero de alguna forma hemos quedado hermanados por esa petición que el director del periódico, Igor Marín, nos ha hecho a los tres.

A partir de hoy iré subiendo estos textos del periódico, una vez publicados, a mi propio blog. De este modo mi bitácora vuelve a adquirir vida, esta vez, vinculada a la actualidad local de Bilbao. Tal vez te guste.

viernes, 8 de agosto de 2014

El PSOE cambia de problemas


Algún amigo me ha reclamado opinión sobre el Congreso del PSOE y, aunque sea al ritmo perezoso que impone estar bajo un limonero en la Extremadura profunda, voy a intentar complacerle. Ya saben, uno se debe a su público…y a su vanidad.

No estuve en el Congreso del PSOE como delegado pero estuve. Era evidente que el ambiente era de cierta alegría y bastante relajo. Varios amigos del “aparato” de organización me recordaban que éste era un congreso extraordinario, que sus rutinas no eran las normales y que, de hecho, podía haber durado solo unas horas, ya que únicamente se trataba de refrendar la decisión ya tomada por los militantes y nombrar a Pedro Sánchez como Secretario General. Desde luego se notaba que no había mucho que decidir y, en consecuencia, el congreso era un poco mezcla de escaparate y pasarela.

Alguna razón había para la alegría puesto que, como ha escrito Luis Solana y yo comparto, el PSOE es, seguramente, el único partido de España capaz de hacer una operación de renovación democrática tan importante e inmediata como la que ha encumbrado al hasta hace nada desconocido Pedro Sánchez. Esa es, desde luego, una buena noticia salvo que se convierta en la última buena noticia, salvo que el PSOE crea que pasadas las primarias y sus fastos ya todo puede volver a los cauces conocidos y probados de siempre.

Sin embargo, en las salas y pasillos del mastodóntico hotel también se respiraba un fondo de cautela e inquietud que dejaba a la vista que, además de la alegría, al menos había otros dos sentimientos que intranquilizaban a los asistentes.

Por un lado estaban aquellos a quienes les preocupaba su posible pérdida de poder e influencia en medio de este cambio con tantos aires de vendaval. Es de suponer que tal inquietud se manifestaría más descarnada en las salas del poder, que quedaban al margen de la algarabía de los pasillos. La inmensidad de la nueva ejecutiva nos da una pista de cómo se manejó este asunto.

Pero el sentimiento de inquietud más interesante, a mi juicio, estaba, en los pasillos y en los corros. Era la sensación compartida por muchos militantes de que las primarias son la puerta que se ha abierto a un cambio que va a modificar profundamente el PSOE que conocían. Que la elección de Sánchez tal vez sea sólo la exitosa llegada al “campo base” a partir del cual el PSOE ha de comenzar otras etapas de una ascensión que será lenta y difícil, llena de nuevas dificultades y de pronóstico incierto y en la que, junto a los deseados éxitos, aparecerán sin duda dificultades nuevas ahora no previstas, por ejemplo: el cesarismo en los nuevos dirigentes elegidos directamente por el “pueblo militante”, la consolidación de elites vinculadas exclusivamente a esos líderes y totalmente ajenas a la vida orgánica, los enfrentamientos públicos nada edificantes entre candidatos internos, la consolidación por los perdedores de facciones propias permanentemente enfrentadas al ganador, las temidas bicefalias de dos líderes ambos electos, uno para el partido y otro para el cargo público…en fin. Un buen montón de nuevos problemas.

Una de las causas principales de la desafección ciudadana ha sido el error de la inmediatez, de creer que basta con hacer de la política un espectáculo, una tómbola de promesas y de soluciones instantáneas. Funciona a corto plazo y puede hacer ganar algunas elecciones pero acumula poco a poco un poso de falsedad que al fin acaba estallando como lo ha hecho. Por eso mismo el PSOE no debería engañarse creyendo que ya ha salido del pozo, ni sus militantes pensando que la nueva ejecutiva ya se ocupará de todo mientras ellos regresan a sus rutinas de siempre. La cosa no ha hecho más que empezar. Llegar al campo base ha sido un éxito pero confundirlo con la cumbre y quedarse en él sería fracasar de lleno.

Aunque es comprensible que el nuevo secretario General ponga mucha atención en las próximas elecciones municipales, no comparto la idea de hacer de ellas la prueba del éxito de la recuperación del PSOE. A lo sumo serán la primera etapa, y puede que no sean una etapa demasiado brillante, porque el desprestigio es mayor del que algunos quieren reconocer y el recorrido que el Partido Socialista tiene por delante es mucho más largo que el que pueda completar en unos meses, incluso está por ver que tenga tiempo de hacerlo de aquí a las próximas generales así que cuidado al poner el listón, que el fracaso en la vida no depende tanto de los resultados como de las expectativas y el error de la inmediatez sigue ahí.

viernes, 25 de julio de 2014

Cerebro humano vs. Stack Ranking

No se ponen de acuerdo los antropólogos en explicarse la razón por la que unos primates, razonablemente bien adaptados a su ecosistema, se empeñaron en desarrollar un carísimo órgano, el cerebro, que consume él solo en torno al 20% de toda la energía de los individuos que lo poseen. Conocedores de que la evolución solo se produce allí donde las condiciones cambian y obligan a adaptarse a los seres que las sufren, no aciertan los científicos a encontrar qué cambió, qué fue aquello tan importante como para que nuestros antepasados tirasen la casa por la ventana, apostando por cargar con un cerebro tan complejo y derrochador.

Sin poder afirmarlo con absoluta seguridad (como casi todo en ciencia) apuntan a que semejante dispendio solo se podría entender si aquellos seres se tuvieran que haber enfrentado a algo nuevo, omnipresente y asombroso. A una realidad agotadoramente compleja, ante la que no quedó otra opción que esa especie de órdago biológico que llevamos dentro del cráneo.

No fue el clima, ni la dieta, ni la caza. Esa realidad por la que muchos explican una apuesta tan rotunda fuimos nosotros mismos. Fueron las relaciones entre los propios humanos, fue la sociedad liosa y difícil que hemos ido creando, no de hoy, sino desde hace cientos de miles de años, donde cada individuo interrelaciona con los demás a cada instante y en todas las facetas de su vida. Ese parece ser que fue el reto al que tuvimos que enfrentarnos y por el que no nos quedó otra que cargar con este hipercerebro. Albert Camus apuntó en esa misma dirección afirmando: “El infierno existe. Son los demás”.

Sin embargo, como es habitual, todas estas cuitas les resultaron irrelevantes a algunos gurús de la organización empresarial y de los “Recursos Humanos”. Debieron pensar que ¿para qué necesitamos un cerebro si tenemos cuadros, gráficas y tablas de calificación?

Leo ahora acerca de los desastres que en algunas empresas ha causado la aplicación de sistemas supuestamente objetivos (Stack Ranking) para la valoración de las personas que en ellas trabajaban: la cosa consiste en que los empleados se autocalifiquen unos a otros, de forma que quienes obtienen mejores puntuaciones que los demás medran, los normalitos se quedan donde están y los peor calificados se van a la calle. Todo muy objetivo y muy parametrizable, oiga.

Todo, menos una cosa que olvidaron. Y es que los recursos humanos se empeñan en cargar cada uno de ellos con uno de esos complejos y carísimos cerebros a los que me refería. Y acostumbrados como están a lidiar con maridos, esposas, suegras, cuñados, hijos adolescentes y vecinos de la comunidad, lo de adaptarse al nuevo sistema de evaluación resultó pan comido. Solo que a lo que dedicaron las neuronas aquellos espabilados Recursos Humanos a los que se pretendía juzgar, fue a salvarse del sistema y no a mejorar los resultados de la empresa. La colaboración desaparecía y la competencia no se dirigía al mercado sino al compañero de mesa. El resultado es que, tras el destrozo, grandes empresas como Microsoft, Enron, Motorola y otras han tenido que desmontar a toda prisa el bonito sistema de clasificación de las personas en listas y tontas porque se les iba por el desagüe la rentabilidad que les prometió alguien que creía que el único cerebro era el suyo y que, obviamente, no era el más listo.

Millones de años de evolución han hecho la inteligencia humana muy compleja, muy retorcida, muy creativa y muy poco previsible. Solo así son posibles cosas como el arte, la generosidad, la tortura, el amor, la envidia, la curiosidad, el teatro... entre otras. Tratar de medir todo lo que somos es una tentación absurda y signo de poca inteligencia. No hay cesta que contenga nuestra creatividad, tan absurda como irresistible. Ya lo decía Javier Krahe, aunque en referencia a un órgano distinto al cerebro: “Es mísero, sórdido y aun diría tétrico, someterlo todo al sistema métrico”. Si no lo conocen escúchenlo, Es divertido, lleno de matices, dobles sentidos y expresiones equívocas. Inteligente en definitiva.



sábado, 19 de julio de 2014

La imposible unidad de la izquierda


El PSOE ha celebrado elecciones y sus militantes han escogido, en urnas secretas, a su máximo dirigente. Casi al instante los opinadores que se arrogan para sí mismos la condición de legítimos (y únicos) representantes de “la izquierda” han deplorado el resultado de la elección y alguno, en pleno calentón, el proceso mismo.

Parece que los votos directos, secretos y personales, la máxima expresión democrática posible, solo les vale si el resultado final es el que ellos desean. Y lo más asombroso es que tras hincharse a exigir democracia a los socialistas, con ínfulas de predicadores, no les asalta la menor intranquilidad al ver que la gente vota distinto a lo que a ellos les gustaría. No se les mueve un pelo, ni se les tambalea una idea. Oiga!

Cuando el verdadero ejercicio de la democracia determina otra cosa distinta a sus democráticos deseos, le hurtan instantáneamente tal condición de democrático, que es virtud que parece que solo podría ser "otorgada" por ellos. Recuerdan enseguida al Napoleón de Orwell y su "Animal Farm".

Yo, que soy tan demócrata -parecen pensar- exijo que democráticamente se decida lo que yo quiero, ya que de otro modo la decisión no podrá ser democrática, al no corresponderse con lo que piensa alguien tan demócrata como yo.

No se ría. Hay mucha gente en la izquierda que considera que ser demócrata es ser de los suyos. Y, además, que ser de los suyos es la única forma de ser “de izquierda de verdad”.

Porque hay que reconocer que en una cosa sí que tiene esta izquierda tan rocosa éxito indiscutible: en su habilidad para hacerse con el grial de la autenticidad. La ventanilla de reparto de carnets de izquierdista auténtico y el púlpito desde el que arrojar admoniciones a los felones socialdemócratas les han funcionado siempre a pleno rendimiento. Ahora incluso lo hacen por internet.

Quizás en compensación por la gran ventaja de esta izquierda auténtica en el debate ideológico, la socialdemocracia, esa otra izquierda así como dubitativa, es la que suele contar con un apoyo popular incomparablemente mayor, que le permite, con el tiempo, hacer cambios políticos profundos desde el poder y el Boletín Oficial.

No deja de asombrar el contraste entre la tibia consideración que la socialdemocracia suele tener acerca de sí misma y el orgullo y seguridad con que la izquierda revolucionaria se muestra. Más aún cuando la primera tiene en su haber la gran revolución que en Europa acabó con la miseria de los humildes y creó esas clases medias tan odiadas por los esencialistas, mientras que las certezas de la izquierda auténtica e irreductible tienen el dudoso honor de estar en el origen de algunos de los regímenes más espantosos y de las tiranías más atroces contra sus camaradas trabajadores.

Decía Bertrand Russell que “El gran problema del mundo es que los fanáticos están siempre seguros de sí mismos, mientras que las personas sabias están llenas de dudas”. Seguramente tenia razón también en esto.

Lo que hace imposible el mito de la unidad de la izquierda es la pretensión ruidosa de los menos de que seamos siempre los más quienes nos movamos hasta donde ellos nos dicen.

Por eso creo que es mejor que aceptemos de una vez que tal unidad de la izquierda nunca se producirá, que lo más que cabe esperar es que haya trasvases de votos entre la socialdemocracia grande, institucional y útil y la izquierda auténtica, esencialista y periférica. Algunas veces la marea llenará los caladeros de la primera y otras, como ahora, llevará el apoyo hacia los de la izquierda más radical. Es ley de vida pero el mito de la unidad de la izquierda nunca se cumplirá. Cuanto antes lo entendamos, mejor.

Lo que sí resulta muy conveniente es que la socialdemocracia se quite un poco los complejos. La cosa está muy mal pero, por ahora, en España el único partido que ha puesto en marcha una renovación democrática profunda, dando la palabra uno a uno a sus afiliados, ha sido el PSOE. Veremos hasta dónde llega, pero de momento ya ha arrancado, y los defensores de la “auténtica democracia” ya la han condenado, como cabía imaginar.

sábado, 28 de junio de 2014

Elogio de las puertas giratorias


Todo el mundo parece convencido de que uno de los grandes problemas de la política española es la gran escasez de buenos profesionales que se dediquen a ella y la sobreabundancia de quienes, a falta de otro currículo, se convierten en políticos profesionales. Hacen falta profesionales en la política y no profesionales de la política, se ha dicho muchas veces. Y no sin razón.

Algunos, claro, blanden este argumento no para mejorar la acción política sino para expulsar de ella a quienes no tienen “una formación técnica suficiente” pretendiendo que los técnicos (normalmente ellos mismos) son quienes deben hacerse cargo de todas las decisiones. Esa falacia da para otro post.

El caso es que, ciertamente, la política española se ha nutrido mucho de personas que han ido construyendo su vida laboral en paralelo a sus responsabilidades políticas. Eso ha tenido consecuencias que hoy se denuncian como una de las principales causas del deterioro de la credibilidad y la calidad de la política. Para referirse a ese gran grupo de quienes han sostenido los partidos y se han sostenido en ellos durante 30 años hace ahora furor el calificativo de “casta”.

Sin embargo, mientras se exige con pasión la renovación de la “clase política” (por lo común trayendo gente más joven, no más experta) se quiere regular cada vez con más detalle y minucia todo lo relativo a la relación entre la política y la vida profesional, laboral y empresarial. Para evitar las “puertas giratorias” -se dice- para que los políticos (y sus familiares) no puedan aprovecharse de su cargo cuando lo abandonan.

Sospecho que tal vez sea este el momento de darle un restyling al aforismo atribuido a Bertolt Brecht y modificar su sentido, quizás de esta forma:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y ya son un poco peligrosos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los que no queremos ver ni en pintura.”

Dice mi amigo Fermín, y yo lo comparto, que el problema de las puertas giratorias es, precisamente, que giran demasiado poco, que lo hacen demasiado despacio y que, como consecuencia, se impide una relación sana entre la política y la vida civil, académica, científica y profesional que tanto se reclama, que debería existir y que contribuiría a aumentar la calidad de las decisiones y la credibilidad de los políticos.

Es cuando no existe esa posibilidad ágil de entrada y salida de la vida pública cuando los pocos casos que se dan despiertan tantas sospechas. Sin embargo lo caro no es que algún profesional indecente se pueda, en algún caso, aprovechar de su paso por la política, lo caro está siendo que todos los políticos tengan que quedarse indefinidamente donde están (si quieren un empleo), taponen cualquier renovación y alimenten así la desconfianza.

Tanta desconfianza hay que, para contentar a la opinión pública, se toman decisiones, muy populares, que tendrán consecuencias exactamente contrarias a las que se dicen pretender.

Es el caso del Parlamento Vasco, que esta semana ha aprobado una ley que endurece el acceso y, sobre todo, la salida de la política para cualquier profesional que tenga la osadía de asomarse a ella. Todos los grupos, unánimemente han decidido que los cargos públicos durante los dos años siguientes al abandono de su cargo, no podrán prestar ningún tipo de servicio ni mantener relación laboral o mercantil con las empresas, sociedades o cualquier otra entidad de naturaleza privada con las que hubiera tenido relación directa desde su puesto. Tampoco podrán tener, ni los cargos, ni sus parejas, ni sus hijos, participaciones directas o indirectas superiores a un 10 % en empresas que tengan conciertos o contratos con el sector público.

Menos mal que Rubalcaba era de la Complutense (que es pública), porque con esta Ley no hubiese podido regresar a ninguna Universidad privada. Ahora ya sabemos que nunca podremos contar en educación con ningún profesor de Deusto o de Mondragón (salvo que piensen abandonar sus carreras) y, solo como ejemplo, el Consejero de Sanidad Jon Darpón, no podrá regresar ya a su puesto de experto en gestión sanitaria en el IMQ.

Los arquitectos o urbanistas no podrán acceder a cargos públicos relacionados con su especialidad, a no ser que se jubilen o monten una pescadería al abandonar el cargo. Los expertos en seguridad deberán pasarse a comercio textil (siempre que no vendan uniformes) y los gestores educativos tienen abierta la opción de abrir alguna casa rural (siempre que no organicen allí colonias infantiles).

El mensaje a los profesionales que tanto se dice necesitar es bien nítido: "si tiene usted la tentación de dedicarse a la política, sepa que debe abandonar toda esperanza de regresar con tranquilidad a ese empleo o actividad que le hicieron interesante para la política (salvo que sea usted funcionario o rico)". La reacción de esas personas cabe imaginarla con idéntica nitidez.

El resultado de esta pírrica victoria es que los profesionales de la política han contentado a la opinión pública pero alejando un poco más de la política a los profesionales que les podrían hacer sombra. No me extraña que alguno aplaudiera ¡Menudo éxito!

viernes, 20 de junio de 2014

Faltan analistas. Sobran enteraos


Se ha repetido tantísimas veces que en España no dimite nadie que, en realidad parece que lo que se espera es que, en efecto, así sea; que los lideres se agarren a sus cargos como gato a las cortinas, de forma que la crítica pueda seguir su curso “natural” sin sobresaltos.

Así que cuando se produjeron las dimisiones de Alfredo Pérez Rubalcaba y de otros líderes socialistas surgió un curioso fenómeno entre quienes ya tenían preparadas las invectivas más rotundas y las columnas más incendiarias. Lo escrito con tanto ardor como previsión se vino abajo y si no llega a ser por aquel invento improvisado de que la dimisión no era tal dimisión y que era "una dimisión en diferido" y otras patochadas de semejante cariz, esas plumas y micrófonos justicieros que tanto abundan en España se habrían visto ante un problema: habrían tenido que pensar, y que pensar rápido.

El invento de la dimisión diferida fue eso, un subterfugio para ganar tiempo y poder recolocarse apresuradamente después del susto de ver que ya no servían las críticas de siempre. Resulta que Rubalcaba y sus compañeros incumplían el pacto no escrito de no dimitir para que así se les pueda poner a parir por no dimitir.

Pasado el mal rato y una vez recompuesta la figura, se pasó a asegurar con total certeza que el congreso socialista lo iba a manejar un “aparato” aterrado ante la posibilidad de dar la voz a los militantes. Eso lo sabían todos “de fijo” hasta que Eduardo Madina dijo que solo se presentaría si votaban los militantes. La dimisionaria dirección socialista, tan torticera ella, tardó pocas horas en aceptarlo y volvió a incumplir así con su obligación de negarse a toda apertura para que le puedan poner a parir por negarse a toda apertura.

¡Es que así no puede ser! Otra vez las lenguas más avisadas a recomponer el gesto. Menos mal que en su ayuda acudió la certeza indiscutible de que Susana Díaz, la Presidenta de Andalucía, sería con impepinable seguridad la nueva Secretaria General y que, por tanto, siendo una “barona”, el discurso de que el PSOE es y será siempre incapaz de repensarse y renovarse seguía sirviendo. El “aparato” del PSOE pareció que cumplía por fin con su obligación de cerrar el paso a cualquier renovación y que así pudiera atacársele por cerrar el paso a cualquier renovación.

Pero hete aquí que la segurísima candidata Díaz se descuelga un día diciendo que su sitio está en Andalucía y que no va a optar a la secretaría general del PSOE, que muchas gracias. ¡Y vuelta la burra a los trigos! Por si fuera poco, aquellos nombres que a última hora, ya a la desesperada, sonaban como seguros sustitutos de Díaz, no hicieron acto de presencia y de nuevo se volvió a incumplir el acuerdo tácito de que el PSOE debe mostrarse incapaz de recuperar su pulso para que se le pueda censurar por mostrarse incapaz de recuperar su pulso.

Y ahora resulta que los únicos candidatos que hay son los que hasta hace nada no eran del “aparato”, aunque ya les buscarán amigos, no le quepa a usted duda. Ahora resulta que los militantes van a votar. Resulta que, semana tras semana, se han ido derrumbando las malísimas noticias que se aseguraban como ciertísimas semana tras semana.

Pero lo más asombroso es que los que han afirmado con tan ignorante vehemencia tales cosas, los mismos que dijeron que Rubalcaba no dimitiría, y dimitió; que no habría elección directa, y es el próximo día 13; que Patxi López iba seguro, y no fue; que Susana Díaz acudiría al rescate de Ferraz, y no lo hizo; que era inminente el desembarco de Juan Fernando López Aguilar o de Soraya Rodríguez y no los hubo. Esos mismos que se dicen sesudos analistas y a los que la realidad del PSOE les ha metido más goles que a la selección en Brasil, ahí siguen –impasible el ademán- como si no hubiera pasado nada, como infalibles oráculos, como si alguna vez hubieran dado en algún clavo.

Qué pocos analistas tenemos ¡Y cuánto “enterao”!.

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