viernes, 8 de julio de 2011

¡Qué escándalo!

Los viejos aficionados al cine recordarán aquella escena de Casablanca en la que el prefecto de policía, capitán Renault, viéndose sobrepasado por la situación ante los ojos del exigente comandante de las SS, ordena cerrar el café de Rick al grito de: ¡qué escándalo, he descubierto que en este local se juega!, la escena continúa con el croupier entregándole sus ganancias al falsamente indignado oficial, que las recoge agradecido.


Escuchando al candidato del PNV a Diputado General de Araba/Álava me ha venido a la mente aquella escena. Escandalizarse a toro pasado es una forma impostada de dignidad, que hace pensar que, de no haber fracasado en su negociación con Ezker Batua, Aguirre hubiese cumplido calladamente aquellas peticiones que ahora denuncia airado.

Quien está acostumbrado a obtener ganancias privadas en ese tipo de negociaciones no debería hacer tanto aspaviento. Habría que recordarle al candidato del PNV que su partido se ha vanagloriado de conseguir muchas cosas en sus negociaciones para la aprobación de los Presupuestos del Estado bien ajenas a la alta política, entre otras el cambio a su gusto de los nombres de las provincias vascas, subvenciones para telefónicas presididas por sus militantes, e incluso la colocación de algunos de sus ex altos cargos en puestos remunerados de importantes agencias nacionales.

Todo esto es muy lamentable y resulta en efecto escandaloso pero no son los responsables del PNV quiénes para denunciar a nadie por mezclar en una negociación política cosas privadas. Pueden hacerlo pero no podrán evitar que algunos nos acordemos del personaje que Claude Rains encarnó tan brillantemente .

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