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sábado, 26 de noviembre de 2022
Odio a Pedro Sánchez
sábado, 19 de noviembre de 2022
¿De qué sirve saber dónde está España?
Hace unos días me pasaron un vídeo de esos pretendidamente simpáticos en el que las víctimas del entrevistador eran jóvenes que ignoraban, entre risas, conceptos fundamentales de geografía y de otras materias. Como el objetivo evidente era burlarse de los chicos y chicas, la pieza había sido sin duda editada y seleccionadas las respuestas erróneas más espectaculares y divertidas, claro está.
Pero yendo un poco más allá pensé si esos conocimientos que los mayores damos por indiscutibles lo son de verdad en un mundo que ya es tan distinto al nuestro.
Hoy parece que no es ningún problema viajar a México y no saber situarlo en el mapa. Tener orígenes familiares en otro país, pero ignorar dónde está este e incluso dónde está España o estar a punto de entrar en la universidad y no saber señalar Japón en un mapa. Nada debe estar lejos si se puede volar a Marruecos por 10 euros, a Sicilia por 15 o al Báltico por 33 (comprobado ahora mismo) por lo que es natural que viajar no tenga para esos jóvenes el significado casi de aventura que podía suponer para nosotros.
Décadas cuestionando si tales o cuales conocimientos servían o no para algo útil parece que han desembocado, por fin, en un mundo realmente muy distinto al de las generaciones anteriores. Tras la mezcla de sorpresa, hilaridad e indignación que nos causa ese video, conviene preguntarnos ¿y si el universo de estos jóvenes fuese así de diferente? ¿Y si los estándares de conocimiento de hoy fuesen otros?
Yo confieso que no sé editar un video para TikTok, no soy capaz de crear hashtags, he tardado años en saber que se podía mencionar a alguien en WhatsApp y aún me cuesta entender que un avatar es un personaje ficticio y no una anécdota real. Si me preguntasen en la calle por estas destrezas, tal vez la víctima del cachondeo general sería yo.
miércoles, 16 de noviembre de 2022
Ayuso está en su pleno derecho a gobernar la Sanidad de Madrid
Tiempo de lectura 2:30 min
jueves, 10 de noviembre de 2022
La heroica militancia socialista de Madrid
Tiempo de lectura 2:30 min
miércoles, 12 de octubre de 2022
Un desfile estupendo
Tiempo de lectura 1:30 min
Acabo de ver enterito el desfile de la fiesta nacional por la televisión. Como un niño, claro que sí, como un niño. Admirado por esos tipos que se han lanzado desde un avión para caer justo donde lo tenían previsto, llevando una bandera de 50 metros cuadrados, (como mi piso, incluida la terraza) que le resistía al principio al paracaidista a desplegarse. Que apuro.
domingo, 2 de octubre de 2022
El Banco de Inglaterra, una banda de rojos
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miércoles, 24 de agosto de 2022
Las mujeres tendrán los hijos que decidan. Punto
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| Foto Unicef |
martes, 2 de agosto de 2022
Una opción ganadora
Tiempo de lectura 2:20 min
lunes, 11 de julio de 2022
La mano invisible y la mano escondida de las constructoras
Tiempo de lectura 4:15 min
lunes, 6 de junio de 2022
El CIS recupera su prestigio
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lunes, 16 de mayo de 2022
Escucha Yolanda!
Tiempo de lectura 2 min
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| © Biblioteca Nacional |
lunes, 9 de mayo de 2022
Votar en Amazon
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| Foto Danny Caminal. El periódico |
lunes, 25 de abril de 2022
La pequeña dimisión
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lunes, 18 de abril de 2022
Vox entra en el primer Gobierno que no quiere que exista
Tiempo de lectura 2 min 10 seg
lunes, 11 de abril de 2022
Contra el calentamiento global y, de paso, contra la democracia
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En Madrid un grupo consciente denominado “Rebelión Científica” quiso llamar la atención sobre la gravedad del hecho con un hecho de cuya gravedad posiblemente no fueron conscientes mientras pringaban de rojo las columnas y las escalinatas del Congreso de los Diputados.
En democracia siempre es difícil tomar decisiones impopulares a corto para obtener beneficios a largo, porque los políticos a los que votamos lo que se juegan cada 4 años no son las siguientes generaciones sino las siguientes elecciones, pero atacar un símbolo de la democracia por la ansiedad que causa la premiosidad con que se avanza es muy peligroso.
El ataque fue simbólico pero el Congreso es también un símbolo: el de la democracia. Que la pintura fuese biodegradable no le quita gravedad. También son reparables los agujeros que los disparos de Tejero dejaron en el artesonado del hemiciclo.
¿Dónde estará la frontera que estos activistas no admitirían contra el “lento y desesperante” sistema democrático? Un “experto” dijo en la radio ese día que harán falta medidas tan duras que -textualmente- “deberán ser dictatoriales”. ¿Es ese el límite? Me asombra que científicos, siempre enfrentados a problemas complejos, puedan pensar que para el del cambio climático sí hay una solución simple: el desprecio a la democracia y a sus símbolos. Un mal camino en el que, eso sí, no les faltarán aliados.
Yo, desde luego, prefiero dejar a mis hijos un planeta sobrecalentado en democracia que una tiranía en un planeta aún más sobrecalentado, porque ¡almas de cántaro! ¿cuántas dictaduras ha habido que se hayan ocupado del bien común?
lunes, 28 de marzo de 2022
Autónomos prisioneros
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lunes, 21 de marzo de 2022
No entiendo lo del CIS
Tiempo de lectura 1:55 min
lunes, 14 de marzo de 2022
El PP pacta con su escisión
Tiempo de lectura 1:50 min
viernes, 4 de marzo de 2022
Ucrania y nuestro espejismo
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lunes, 28 de febrero de 2022
Sobredosis de momentos históricos
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Me gusta la historia, pero en los libros: los clásicos latinos, de los que nos diferenciamos tan poco; el medievo, apasionante pero estúpidamente despreciado o la Ilustración, con sus grandes descubrimientos científicos y geográficos que ampliaron la mente y achicaron el mundo.
Me tocó vivir la muerte de Franco (nos dieron libre) y la Transición que hoy se desprecia hablando del “régimen del 78” como si hubiera habido uno mejor. He visto en directo dos golpes de Estado, uno en el Congreso y otro en el Capitolio.
He vivido el final de terrorismo vasco pero padecí demasiado cerca todo el horror que vino antes de aquella rueda de prensa de hace una ya década (en efecto, no fue ayer por la tarde). Las torres gemelas las vi caer en la tele de un bar de Bilbao y los trenes de Atocha reventados en otra de una ciudad del sur de Francia.
Recuerdo algunas guerras, no todas. La de Vietnam la escuchaba de chaval en “el parte” antes de verla en Apocalipse Now. No olvido la de antigua Yugoslavia y los horrores inimaginables que nos relataron. Recuerdo también los pozos de Irak ardiendo y el hundimiento del General Belgrano con cientos de soldados argentinos muertos en el mar helado de las Malvinas.
Después de miles de años tranquilo, va un volcán y erupciona. Hoy todavía salgo con mascarilla por culpa de una maldita pandemia que cambió el planeta entero y ahora resulta que voy a asistir, espantado, a otra guerra en Europa, muy cerca de Chernóbil, en la que se puede jugar con armas nucleares.
Estoy cansado de vivir tantos momentos históricos. Preferiría quedarme con el día (histórico solo para mí) en que mandé mi primer correo electrónico o aquel en el que un amigo me mandó un mensaje que apareció mágica y sorprendentemente en mi Nokia.
Supongo que no me puedo quejar, comparando con lo que vivieron mis padres y mis abuelos, pero siento que tengo sobredosis de historia. Que ya está bien.















