domingo, 8 de junio de 2014

¿Desde cuándo es el PSOE republicano?

Mi abuelo, que no era socialista, tenía estas fotos en el salón

Aunque el titular parezca una pregunta retórica, no lo es. Es más, conviene hacerse de verdad esa pregunta ahora que todo el mundo proclama que el PSOE es un partido republicano “desde siempre”.

El PSOE se hace republicano en 1930. Es decir 51 años después de su fundación. Esa es la respuesta a la pregunta.

¿Quiere eso decir que el PSOE era antes de eso un partido monárquico? Obviamente no. Lo que quiere decir es que las preocupaciones de los socialistas desde su misma fundación no fueron dirigidas a la forma de Estado sino a las condiciones de vida de los trabajadores. La auténtica continuidad que puede verse en la historia del socialismo español no es el republicanismo sino el empoderamiento de los humildes, la modernización y la democratización efectiva del país.

Es cierto que el PSOE fue un elemento clave en la Segunda República Española, como lo había sido antes en otros periodos, pero de ningún modo estuvo entre sus promotores. El PSOE estuvo ausente del llamado Pacto de San Sebastián, que fue el pistoletazo de salida de la Segunda República y que se acordó en la sede donostiarra de Unión Republicana.

Allí estuvieron Lerroux, Azaña, Marcelino Domingo, Álvaro de Albornoz, Niceto Alcalá-Zamora y Casares Quiroga, entre otros; todos en representación de los partidos republicanos de toda condición pero el PSOE faltó. Solo Indalecio Prieto, bestia negra de los segmentos más izquierdistas del partido, asistió a aquella cita a título exclusivamente personal. Alguno querría expulsarle por ello.

Porque tal ausencia no fue ningún descuido. La corriente mayoritaria del Partido Socialista seguía considerando aquella propuesta antimonárquica como un asunto exclusivo de la burguesía, en el que no se debía entrar bajo ningún concepto. Tanto fue así que el Presidente del PSOE, Julián Besteiro, ferozmente opuesto a cualquier compromiso con los republicanos, al verse sobrepasado por las tesis favorables al acuerdo de Prieto y de Largo Caballero, dimitió de su cargo junto con buena parte de la dirección y se montó un buen lío.

Ciertamente una vez proclamada la Segunda República, el PSOE se adhirió de forma completa al nuevo régimen hasta el punto de que el propio Besteiro sería el primer Presidente de las Cortes republicanas.

Tampoco puede ocultarse que el levantamiento del General Franco, la guerra y la dictadura rompieron cruelmente la legitimidad de la República y que la traumática desaparición del régimen que había sido esperanza cierta de modernidad y democracia, contribuyó a generar una visión bastante mitológica de aquella época que es la que, me temo, está sustentando tanto agitar de banderas de estos días.

O sea que, para que nos entendamos: fueron los heterodoxos socialistas los que vieron entonces que la República iba a ser el inicio de un nuevo tiempo en el que había que estar. Así lo había dicho Prieto en el Ateneo de Madrid aquel mismo año de 1930: “es una hora de definiciones... hay que estar con el Rey o contra el Rey" y fueron justamente los socialistas ortodoxos, los defensores de las doctrinas más esenciales, los que se opusieron a aquel compromiso con la República que creían que no iba con el socialismo.

Algo no muy distinto ocurrió muchos años después, en mayo de 1979, en el 28º congreso del PSOE, en el que de nuevo se enfrentaron la ortodoxia socialista y un líder que veía, también esta vez, que los socialistas debían cambiar para convertirse en un partido socialdemócrata europeo al uso y comprometerse en primera línea en aquel nuevo régimen de democracia parlamentaria que se estaba estrenando con el reinado de Juan Carlos I. Lo que Felipe González dijo entonces aún resuena “hay que ser socialistas antes que marxistas

Ahora que el republicanismo del PSOE se da por supuestísimo, es buena paradoja recordar que fueron los “socialistas impuros” quienes “pastelearon” para que llegase la República y lo hicieron contra la opinión enardecida y los reproches de los puristas y que -¡qué cosas!- hoy son estos últimos los que enarbolan aquellas banderas tricolores como emblemas de autenticidad socialista contra los pragmáticos.

Ahora que, nuevamente, España se encuentra en un momento crítico (y el PSOE aún más) y que se van a tomar decisiones que marcarán el futuro del país, va a hacer mucha falta que el Partido Socialista vuelva a mirar por encima del humo y cambie de arriba abajo pero para renovar su capacidad para seguir en la senda del que ha sido su auténtico itinerario histórico, que es el de ser útil a la sociedad que necesita de un partido progresista con poder, que esté presente allí donde se deciden las cosas. Tal y como ha hecho durante el reinado de Juan Carlos I.

Es evidente que la tentación de agarrarse a la confortable seguridad emocional de la ortodoxia, sea ésta obrerista, marxista o republicana ha estado siempre ahí y, por supuesto, sigue estándolo hoy. Pero es que el cambio y la renovación siempre han pasado por superar esa permanente tentación esencialista para hacer algo mucho más incómodo pero más importante: ser útil en lugar de puro.



martes, 3 de junio de 2014

Otro referéndum para ejercer "el derecho a no decidir"

Foto Juan Luis Sanchez. El diario.es

La abdicación del Rey, en medio de la efervescencia desatada por la crisis económica y política del país ha puesto en el candelero la reivindicación de que se pregunte a la ciudadanía por la forma de Estado; iba a escribir la “discusión o el debate” pero he corregido enseguida porque no hay discusión ni debate alguno sobre Monarquía o República sino simple reivindicación. Una discusión requiere propuestas, contrapropuestas, matices, correcciones, previsiones, argumentos…para diseñar una solución que tendrá una forma u otra, pero que será algo concreto, producto de esa discusión y de ese debate ahora inexistentes.

Lo peor no es que no haya una sola propuesta de cómo sería la República que se quiere. Lo peor es que no parece que a nadie se le haya ocurrido que tal concreción pueda ser necesaria. Pasa lo mismo que con el referéndum sobre la independencia de Cataluña: que nadie dice cómo será esa Cataluña que se desea.

Se sabe bien lo que significa que Cataluña sea una de las Comunidades Autónomas de España porque está legislado y porque está probado durante décadas, pero nadie dice cómo será la Cataluña independiente. Todo se supone y nada se aclara. No sabemos, porque nadie lo ha dicho, ni qué forma de Estado adoptará el país, ni cuáles serán sus idiomas oficiales, ni si todos los habitantes de Cataluña serán catalanes y si podrán votar o no todos ellos, cómo se pagarán los déficit actuales o los que se generen… Al menos a los vascos, en la única ocasión en que un nacionalista (moderado) explicó cómo sería su Euskadi independiente ya se nos aclaró, de entrada, que no todos los vascos tendríamos iguales derechos políticos. Estas precisiones se agradecen mucho siempre, pero resultan por completo ineludibles cuando se trata de hacer propuestas de cambio tan profundas y duraderas como la independencia de un territorio o el cambio en la forma de Estado.

Se supone que habrá un Presidente o Presidenta de la República -digo yo- pero ni se habla de cuáles serán sus funciones y poderes. Es más ¿el nuevo jefe del Estado ¿tendrá algún poder o se limitará, como hace el Rey, a firmar lo que le digan el Gobierno y las Cortes? Ya veremos. ¿Seguiremos siendo un régimen parlamentario o pasaremos a un sistema presidencialista, con un Primer Ministro supeditado al Presidente? Ya veremos ¿Tendrá el Presidente derecho de veto como tenía en la Segunda República? Ya veremos ¿Se mantendrá el sistema político autonómico o se hará como en la Segunda República? Ya veremos. ¿O tal vez como en la primera; o sea, ninguna autonomía? Ya veremos. Esa República ¿intentará serlo de todos los ciudadanos de la España actual o se conformará con sus incondicionales?

Si le dedicase más de dos minutos se me ocurrirían mil preguntas fundamentales más pero veo, asombrado, que nadie parece haberle dedicado a esto ni 120 segundos.

Cuando una persona cambia su estado civil de casado a separado o divorciado, incluso cuando la separación es amistosa, se firman muchísimos documentos, algunos bastante incómodos. Y se hace así porque la vida va a seguir al día siguiente de la separación: los hijos van a seguir necesitando ayuda, el banco seguirá exigiendo la hipoteca o el casero el alquiler, llegarán los fines de semana y las vacaciones, habrá que ir a la compra, en fin todo eso que forma la vida cotidiana y sobre lo que hay que decidir. La incertidumbre existe, por supuesto, pero no puede ser completa y total. Por eso en ningún juzgado ofrecen a la firma el formulario “Ya Veremos”.

Sin embargo tenemos ahora en la calle dos movimientos multitudinarios, movidos por la emoción de su legítimo deseo, que parecen creen que lo que resulta obligado cuando se rompe un sencillo matrimonio de dos personas puede ser mágicamente obviado cuando se trata de cambiar de arriba abajo las complejísimas circunstancias de un país de millones de habitantes. O de dos.

No sé por qué insisten tanto en llamarle “derecho a decidir” cuando resulta obvio que lo que se nos propone es justo lo contrario: suprimir lo que hay para después aplicar el “ya veremos”, que es exactamente lo que todos decimos cuando no queremos decidir.

domingo, 1 de junio de 2014

EL PSOE se refunda en servilletas



¿Te imaginas en cuántos bares y Casas del Pueblo habrá gente haciendo esto mismo? -se preguntaba ayer mi amiga Marisa Sánchez- mientras en una servilleta, efectivamente, dibujábamos algunas ideas para el cambio en la organización del PSOE.

Veo a muchos columnistas asombrarse, con razón, de cómo el Partido Socialista se “abre en canal” en cada una de sus crisis. Alguno ha dicho, incluso, que en este momento el PSOE es una olla a presión. A mí me parece todo lo contrario: que es una olla abierta, sin tapa, hirviendo a la vista de todo el mundo, rebosando espuma pero desde luego no parece una olla a presión, ni mucho menos. Seguro que este no es el método más profesional para reformarlo ni, desde luego, el más discreto pero a mí me gusta así.

Quizás el próximo congreso de los socialistas deba aceptar propuestas escritas sobre servilletas. No se rían, cuentan que el diseño del museo Guggenheim de mi ciudad nació en una de ellas.

jueves, 29 de mayo de 2014

Ha nacido el molismo


El molismo es ya el nuevo y fresco movimiento político que se abre paso entre las anticuadas y obsoletas ideologías, cuya extrema debilidad solo les permite ya apartarse avergonzadas ante el ímpetu, la fuerza mediática y la provocadora y juvenil irreverencia de los representantes de la nueva tendencia.

El molismo es la ideología perfecta para un inmenso sector de la ciudadanía. Un segmento de población que en absoluto percibe lo que rodea su vida como el resultado de una compleja e intrincadísima red de servicios, tecnologías, de relaciones económicas y, naturalmente, de tensiones, equilibrios e intereses muy diversos y enmarañados.

Que el wifi funcione sin cortes, que haya pan en la panadería y naranjas en el súper (incluso en julio) les parece no solo lo más normal del mundo sino el suelo mismo a partir del que uno empieza a hablar de lo que sea.

Los coches eléctricos no contaminan –alegan sinceros- como si llegasen a los concesionarios por arte de magia, desapareciesen del mismo modo de los desguaces y la electricidad que consumiesen se creara en los enchufes de los garajes.

Cuando suben a una máquina de varias toneladas que les lleva a 900 km/h por un entorno a 40 o 50 grados bajo cero, con una presión exterior letal para cualquier ser vivo, solo apreciarán la mayor o menor calidad del catering y será eso lo que les moverá a la queja o al aplauso.

Consumidores antes que ciudadanos, los molistas gozan de una envidiable simplicidad en sus preocupaciones pero, desde luego, no carecen de ellas. Aunque, como ignoran y desdeñan cualquier complejidad, absolutamente todo lo explican en términos de unos malos malísimos que hay y que abusan siempre de todos los demás, ellos incluidos. Encantador.

De hecho el molismo es el paraíso de la simplicidad también en sus reacciones ante todas las cosas que, o “molan” o “no molan”.  Si se les apura pueden incrementar la escala con dos conceptos superlativos “mola mazo” en el extremo positivo o “raya” en el negativo. (me disculpará el lector pero al tratarse esta última de una palabra exclusivamente oral no puedo garantizar su ortografía correcta)

Ni se le ocurra a usted pretender obtener explicación alguna sobre las razones por las que algo mola o no mola y menos aún les hable de consecuencias o efectos negativos que podrían no molar al molista. Lo que mola, mola y si hay alguna mala consecuencia pues esa no molará y fin del razonamiento. Asombrosamente, su mayor o menor preparación académica les servirá para enmarañar más o menos esa simple respuesta pero para nada más.

Es una triste paradoja que la ilustrada admiración humana por la ciencia y el progreso haya ido desapareciendo justo cuando la tecnología explotaba en un big bang de novedades, posibilidades y éxitos. El asombrado ciudadano don Hilarión, que cantaba aquello de “hoy las ciencias adelantan…que es una barbaridad”, se ha visto finalmente sobrepasado por tantos avances y sustituido por una casta (esa sí) de partidarios de explicaciones fáciles y de soluciones tan instantáneas como el cacao que conocen desde niños.

Arthur C. Clarke, autor de la novela que Kubrick convertiría en la inolvidable “2001: Una odisea del Espacio” dijo que "toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia” y, sospecho que no hizo otra cosa que predecir la aparición de una sociedad nueva que responde perfectamente a esa descripción y que precisaba también de una ideología nueva. Ya la tiene.



martes, 27 de mayo de 2014

El nido revuelto del PSOE

Nido de aguililla calzada

Leyendo y escuchando esta polémica dentro del PSOE sobre si deben celebrarse primero las primarias abiertas que elijan el candidato o candidata a la Moncloa o, por el contrario, si debe ser primero el congreso que elija la nueva dirección me he acordado de un fenómeno natural común entre las aves.

Se llama cainismo y consiste en que, en momentos de escasez, el primer pollo en salir del huevo, en cuanto adquiere cierto tamaño mata a su hermano para así quedarse para sí con toda la atención y el alimento que aportan los padres.

El PSOE ha decidido que va a tener dos líderes, uno elegido en primarias abiertas para ser su cartel electoral y otro elegido en congreso para dirigir el partido desde Ferraz. Es una situación novedosa, que a mi me gusta, pero no se me escapa que esta fórmula no tiene tradición entre los socialistas.

Sin embargo la mucha acritud con que veo que se está discutiendo sobre esta prioridad me hace sospechar que aquí hay algo más que un simple criterio de oportunidad y que tal vez no todos los socialistas hayan entendido del todo bien lo que significa tener simultáneamente dos líderes distintos, con legitimidades distintas y con funciones también diferentes. Esa sospecha y mi afición por la ornitología quizás me estén jugando una mala pasada a la hora de valorar tanta vehemencia sobre quién debe “nacer” primero.

domingo, 18 de mayo de 2014

Euskadi se atraganta con 30 millones de dosis de europeísmo

Las instituciones europeas nos han puesto a los vascos y vascas una multa de 30 millones de euros por una razón muy fundamental: porque pueden.

Por si esa razón no fuera suficiente, el motivo de la sanción resulta bastante humillante, ya que la multa se ha justificado no ya en el error de las “vacaciones fiscales” sino en la contumacia de nuestros responsables políticos que, con toda clase de subterfugios, demoras e ignorancias retrasaron más de una década la reparación que se nos exigía.

No es plato de gusto de nuestras cercanísimas instituciones pasar por aro alguno. Acostumbradas, como están, a que su voluntad sea Ley, no les ha hecho ninguna gracia que Europa se muestre en esto tan implacable como acostumbran a serlo ellas mismas cuando un ciudadano “se hace el orejas” con sus propias normas. Algo que también suele terminar con la devolución de lo distraído y una multa adicional; por “listo”.

Para quien no esté al corriente de las peculiaridades institucionales vascas, recordaré una figura jurídica antigua y muy pintoresca llamada “pase foral”, que consistía en “acatar” pero no cumplir las leyes de la Corona Española. A ejercer esa figura tan atractiva y ventajosa la gente del común también le llamamos “pasar” pero vinculando la acción con algunas partes de nuestra anatomía que no queda bien citar. No puedo evitar pensar que habrá habido quien creyese íntimamente que ese supuesto derecho a “pasar” iba a colar también con los aburridos y ocupadísimos funcionarios de Bruselas pero no ha sido así, naturalmente. El término “jacobino” que aquí se usa tan a menudo como insulto, en los despachos europeos es, simplemente, lo normal.

Ahora que estamos a punto de votar en unas elecciones europeas puede ser un buen momento para darnos cuenta de que la construcción europea, tan aplaudida, tan legendaria y tan poco comprendida no es otra cosa que el camino hacia la creación de un gran poder único en el Continente. Y el poder se tiene para ejercerlo, no para otra cosa. Por eso lo más sorprendente de todo es la propia sorpresa con que ha sido acogida la noticia de la muy previsible multa.

Hay muchas paradojas en este episodio. La primera es que los nacionalistas vascos, a los que nada molesta tanto como tener a nadie mandando por encima de ellos, hayan apostado siempre por las instituciones europeas. Tal vez su error fue creer que cualquier debilitamiento del Estado que sienten como opresor era bienvenido, sin darse cuenta de que el poder que pierden los Estados tradicionales se traslada a un gran Estado europeo, más grande, más moderno, más alejado, más poderoso y seguramente más frío. Quizás también más jacobino. Donde, desde luego, ni entienden nuestra “particular idiosincrasia”, ni les preocupa lo más mínimo ignorarla.

Pero en esta indigestión de realidad europea los nacionalistas no han estado solos, ni mucho menos. Aquí no caben airadas críticas ni vocerío de indignación de ninguno de los grandes partidos vascos que, conscientes de que los votantes están más cerca que los despachos europeos, siempre han sido entusiastas de toda clase de ayudas de Estado y lo que es peor, de disimular cuando, al verlas, nos reprendían desde Europa.

La multa nos llega justo en el peor momento para la imagen de la Unión, que ha pasado de ser vista como una ventana de esperanza a percibirse como una institución enemiga y “sin alma”, como ha dicho el Lehendakari. Y encima, para mayor recochineo, en plena campaña electoral ¡lo que son las cosas!

De todos modos el próximo lunes me temo que nadie más que nosotros va a acordarse de la multa a las instituciones vascas porque las portadas de los medios se llenarán seguramente con la explosión del populismo antieuropeo, que amenaza con ganar las elecciones en Francia y en otros países con un discurso claro, inequívoco, nítidamente partidario de la destrucción del euro y de lo construido en Europa.

Aunque veamos a Europa como fuente de muchos de nuestros males, parece que en España todavía mantenemos cierto grado de respeto por un proyecto fuera del cual sabemos que no hay ninguna opción. Sin embargo no es imposible que esa marea nos acabe llegando y, como ha pasado siempre con las cosas que nos vienen de fuera, que nos hagamos tan euroescépticos como ellos o más aunque, eso sí, con el retraso habitual. ¿Quién asegura que vayamos a ser europeístas siempre? Desde luego ver que desde Bruselas o Estrasburgo no solo deciden sobre nuestra economía, nuestra moneda o nuestro sector naval sino que, además, se permiten la osadía de sacarnos el talonario de multas, no va a ayudar.

Mientas los movimientos antieuropeistas crecen y mientras decae el prestigio de la Unión Europea es cuando, paradójicamente, ésta gana más poder. Así que hasta no ver cómo evoluciona la cosa: si gana el populismo y pierde Europa o si, por el contrario, vuelve la cordura y la Unión recupera su impulso y su poder, yo pagaría discretamente la multa y procuraría no llamar mucho más la atención de los funcionarios europeos, por si acaso. Y, desde luego ahora que se oye hablar tanto de unión financiera y fiscal no iría enseñando y alardeando por ahí del Concierto Económico. No vayamos a tener otro disgusto.

martes, 13 de mayo de 2014

Condenar el asesinato

Uno de los síntomas de esta sociedad tan enferma como la que formamos los españoles es el deterioro de algunas importantes perspectivas morales básicas.
Noticias Cuatro

Buen ejemplo de ello es que el asesinato de la Presidenta de la Diputación de León ha desatado un alud de “condenas” y de “repulsas”. Parece que hay cola para apuntarse en la lista de aquellos a quienes “les parece muy mal” que se asesine a una persona y nadie quiere quedarse fuera del círculo de los que lo manifiestan con vehemencia y rotundidad.

Después de tantos años de terrorismo, de tanta sangre y de tanta manipulación por parte de quienes la derramaban, hemos debido olvidar que el asesinato no es, ni ha sido nunca, una opción ante la que uno decide si está a favor o en contra.

Ocurre igual que con el maltrato hacia las mujeres, o con el secuestro de niñas o con el fraude fiscal. Por supuesto que podremos manifestar el impacto emocional que nos produce, pero no nuestra condena, puesto que el hecho es inaceptable en sí mismo y nadie, al menos nadie en sus cabales, va a salir a aplaudirlo. Y si alguien entre nosotros lo hiciera, se le aplicaría la Ley o se le administraría el tratamiento médico que, sin duda, ha debido de abandonar.

Sin embargo esta sociedad convalece aún de tiempos cercanos en los que el crimen se aplaudía por parte de amplios sectores de población o se “deploraba” por grupos aún más numerosos. Es decir, que matar era una opción ante la que, incluso, cabían matices y estados intermedios.

De esas posiciones tan asombrosas como inmorales surgió la costumbre -la mala costumbre- de condenar expresamente los asesinatos. Digo mala costumbre porque, tantas manifestaciones contrarias a los asesinatos lograron que se perdiera la perspectiva de que esa es la única opción aceptable, llegando a convertirla en una elección más de entre las posibles, lo que inevitablemente abría hueco para la existencia de las otras, de las que loaban a los asesinos o de las que manifestaban su “incomodidad”.

Se ve que en esas seguimos. Que nos queda mucha rehabilitación social y moral por delante y que los viejos tics de la enfermedad que nos inoculó el nacionalismo vasco radical, siguen ahí, instalados en el imaginario colectivo de la política española, impidiendo que nos movamos con soltura moral o con la simple decencia de las sociedades sanas.

De esto mismo puedes leer aquí y aquí.

lunes, 21 de abril de 2014

Un nuevo consenso sobre el euskera

Uriarte y Baztarrika. Foto EFE

La V encuesta sociolingüística que recientemente presentaron públicamente la consejera Cristina Uriarte y el viceconsejero Patxi Baztarrika ha dado lugar a bastantes comentarios, muchos de ellos en la línea habitual de resaltar los indudables avances del euskera y la mucha importancia de la acción de los poderes públicos en su progresión.

Sin embargo en esta ocasión hay alguna novedad destacable. El propio estudio señala dificultades inesperadas que se refieren no al conocimiento del idioma sino a su uso en el ámbito privado, donde parece ser que el euskera no avanza en proporción al gran incremento del número de sus hablantes. Incluso hay un dato que ha llamado poderosamente la atención: el descenso porcentual de su uso en el hogar por parte de las personas que lo tienen como lengua materna (euskaldunzaharrak). Sorprendentemente en el espacio que fue durante siglos su refugio, el euskera no avanza sino que retrocede, y así lo ha destacado el viceconsejero.

El estudio muestra claramente que estamos entrando en una nueva etapa. El propio Baztarrika, que no es ningún indocumentado en este aspecto, ha dado en el clavo al concluir que "el futuro del euskera se encuentra, hoy mas que nunca, en nuestras manos". Efectivamente, esta expresión no solo es una llamada a la acción sino, sobre todo, es la constatación de que las posibilidades de tutela de los poderes públicos hacia el idioma empiezan a alcanzar su límite: el ámbito privado, donde la acción administrativa no puede llegar y donde lo que actúa es la voluntad libre de las personas.

El punto de inflexión al que nos estamos acercando no es en absoluto producto de ninguna crisis agónica de supervivencia del idioma como pretenden los muchos partidarios de mantener al euskera en permanente estado de excepción sino, todo lo contrario, es resultado del éxito en el crecimiento del número de sus hablantes, de su relativa normalización y de la aparición consiguiente de un nuevo escenario muy distinto al que existía cuando la actual política lingüística dio sus primeros pasos a partir de aquellos consensos originarios.

Todo es ahora mucho más complejo que entonces. De entrada el euskera ha abandonado la peligrosa situación en que se encontraba hace 30 años, cuando existían dudas fundadas sobre su continuidad. La urgencia percibida entonces allanó muchos obstáculos y facilitó acuerdos, sin embargo ese escalón está ahora superado con creces. No solo eso sino que la política lingüística ha logrado que hoy haya cientos de miles de nuevos vascohablantes, que el idioma se haya reforzado allí donde ya se hablaba y que haya ganado presencia en otros muchos espacios geográficos, culturales y educativos de los que estaba completamente ausente hace tres décadas. Ni que decir tiene que su presencia en entornos formales (sobre todo aquellos en los que la Administración Pública tiene poder) es incomparable con la de aquellos momentos.

El sistema educativo, clave en este éxito, está volcado en favor de la educación en euskera y son centenares de miles las familias castellanoparlantes que han (hemos) renunciado a que nuestros hijos estudiasen en su lengua materna para que lo hicieran en aquella que en casa desconocíamos. Precisamente una de las personas que han recordado y destacado en ocasiones esta actitud es el propio señor Baztarrika que, como digo, no es nuevo en estas lides.

La situación sí que es nueva, y mejor. Por tanto, la política lingüística debe ser también objeto de revisión para que se adapte a la realidad actual y no siga respondiendo a la que fue pero ya no es.

Del mismo modo que los bomberos cuando deben intervenir en un edificio no actúan de la misma forma en que lo hacen los interioristas, el consenso que ahora necesitamos sobre el euskera debe ser mucho más fino, más de pincel que de brocha. Superada la emergencia lo que necesitamos es un acuerdo que tenga en cuenta los detalles complejos de la realidad actual y que sea capaz, además, de definir un objetivo compartido.

Esto de definir el objetivo hacia el que nos dirigimos es, ciertamente, una asignatura pendiente. Nunca lo hicimos. Había demasiada prisa. Lo importante era empezar a andar en la preservación del euskera y quedó para otro momento definir cual iba a ser exactamente el destino final.

Es a causa de esa indefinición sobre a dónde queríamos llegar por lo que ahora nos resulta tan difícil el acuerdo sobre si la política lingüística ha sido un éxito o un fracaso. Si bien el idioma está ahora fuera de peligro también es cierto que ese era solo un primer objetivo y que quienes diseñaron la política lingüística y los modelos educativos pretendían alcanzar cotas muchísimo más ambiciosas. Eso sí: nunca hemos sabido bien cuáles. De forma que lo que la última encuesta nos muestra no podemos decir si es un gran éxito, un motivo de moderada satisfacción o un fracaso. Tan aficionados como hemos sido los vascos a documentar los objetivos, a los procedimientos, la calidad y las certificaciones varias, choca que hayamos dejado al euskera fuera de estas disciplinas pero así ha sido y al no haber establecido el destino, no podemos saber cómo de cerca o de lejos estamos ahora de él.

Ha dicho la Consejera que "el euskara debe ocupar el lugar que le corresponde en un entorno de bilingüismo equilibrado" (sic). Y eso, ¿qué es exactamente lo que significa? ¿que toda la población debe ser diestra en el manejo de ambas lenguas por igual? Si ese fuera el objetivo, que no lo sé, vamos mal. Sería la primera sociedad que ya cuenta con una lengua franca y que, sin embargo, añade a ella una segunda. Es decir, estaríamos frente a un objetivo muy difícil de lograr, poco realista y único en el mundo. Es muy dudoso que logremos convertir ese deseo en un objetivo común así que mejor sería que buscásemos otro que resulte mas realista, alcanzable y, sobre todo, compartido.

El castellano sigue siendo la lengua de la mayoría de los vascos y es innegable que la lengua materna (que no es la que ahora llaman "lengua propia" sino la que aprendemos en casa en la niñez) tiene tanta fuerza en cada hablante que es imposible de vencer si no es mediante el abuso y la imposición, y aun así..., como lo demuestran las familias vascoparlantes que mantuvieron su lengua durante siglos contra viento y marea, dictaduras, castigos y desprecios.

Descartados, pues, el abuso y la imposición, y viendo como vemos que el asunto se dilucida ya en los entornos y las actitudes privadas, toca revisar con cuidado y lealtad los objetivos ya que es evidente que el euskera no se puede permitir el lujo de que se extinga la reserva de complicidad y apoyo que ha obtenido de los vascos castellanoparlantes, como tampoco puede fiar su futuro a la pura militancia lingüística de los euskaldunes, que a menudo dominan no solo el español sino también el inglés y otros idiomas muy atractivos cultural y socialmente.

Cómo mantener la tensión positiva hacia el euskera en esta nueva situación, cómo recrear un consenso leal que evite tensiones y cómo facilitar su avance "civil" son las cuestiones más importantes que debería solventar una nueva política lingüística que sin duda alguna, y a la vista de los datos que vamos conociendo, debe repensarse.

Ahora que tanto se reprocha a los políticos su incapacidad para detectar a tiempo los problemas y aportar soluciones y respuestas, ésta es una buena ocasión para que alguno levante la voz, rompa el tabú y demuestre que los hay que sí saben ejercer la función para la que se les eligió, aunque no será nada fácil. Nadie dijo que lo fuera.

domingo, 6 de abril de 2014

De lo que sí me acuerdo

El Mundo del País Vasco. Miltxi

Yo tampoco recordaba que esta semana se han cumplido 5 años desde el pacto entre el PP vasco y el PSE-PSOE, que hizo posible que Euskadi tuviera un Lehendakari no nacionalista. Y resulta mi olvido criticable porque de aquella firma se derivó algo tan cercano como que fui miembro del Parlamento Vasco durante una legislatura inolvidable.

Olvidé la fecha, cierto, pero no olvido las cosas importantes que pasaron a partir de aquel momento. Y de las que tuve la suerte de ser testigo.

A mi sí me gustó, y mucho, el pacto entre los populares y los socialistas vascos. Me gustó porque, de entrada, sacó al país del callejón ciego al que lo había arrastrado el anterior lehendakari. De eso hay quien se ha olvidado pero yo me acuerdo.

Y me acuerdo también de cómo reventaron las costuras de una sociedad acomodada a la rutina, sorprendida, incómoda, desazonada, que se consideraba a sí misma democráticamente superior a las de su entorno pero que no digirió fácilmente el relevo democrático producto de una nueva mayoría parlamentaria.

En medio de aquella “desazón” recuerdo bien que destacó la reacción desaforada del nacionalismo vasco, que consideró tan intolerable la nueva mayoría, que hizo falta que alguien de dentro pusiese cordura para evitar que al Lehendakari López le negasen los jeltzales el tratamiento propio de su cargo. La cara oculta del nacionalismo institucional, democrático y prudente asomó entonces, justo mientras gobernaban dos diputaciones siendo minoría en ambas. De eso también me acuerdo yo.

Como me acuerdo bien el asesinato de Eduardo Puelles, antiguo compañero del Instituto, y de cómo la voz del Lehendakari condenando a sus asesinos se notó aquella vez que no salía de su boca sino de su corazón.

Recuerdo también cómo la democracia decidió no avergonzarse de sí misma y se ocupó de retirar las amenazas y las bravatas que eran “decoración” habitual en las calles del País Vasco. De eso también me acuerdo y, por supuesto, de quienes se escandalizaron por considerar aquello una provocación.

No me olvido tampoco del día en que escuché cómo un nacionalista nos dijo desde la tribuna del Parlamento (estará en el acta) que a quien “objetivamente” perjudicaba ETA era al nacionalismo. Mientras hablaba, a todos los parlamentarios no nacionalistas nos esperaban en la puerta nuestros escoltas. Eso no lo voy a olvidar.

Es larga la lista de recuerdos, buenos y malos, de aquella legislatura. Pero tal vez el peor fue comprobar cómo la vasca se mostró claramente como una sociedad partida, en la que muchísima gente partidaria de cambios radicales e inmediatos reprochó -decepcionada- al Gobierno de López su supuesta inacción mientras otros muchísimos partidarios de no tocar absolutamente nada clamaban alarmados por la práctica desaparición de la Euskadi misma si se tocaba la boina a los ertzainas.

Desde luego lo bueno que siempre recordaré de aquella legislatura vasca fue el momento en que la democracia venció a ETA y terminó, por fin, con el principal problema que los vascos hemos tenido en toda nuestra historia. Un final que estoy seguro que se prolongará, como pasa con todas las convalecencias, pero cuyo momento clave se produjo en aquel momento.

Así que, aunque tenga mala memoria para fechas y cumpleaños, como es el caso, no quiero que me pongan en la lista de los olvidadizos, sino de los encantados por haber participado con alguna responsabilidad en aquella mayoría parlamentaria que, sin faltarle errores, sirvió para levantar algunos tabúes, destapó algunas hipocresías y evitó algunos males que otros olvidadizos sí parece que han borrado cuidadosamente de su memoria.

domingo, 23 de marzo de 2014

Cuántos Suarez hay hoy?

Foto EFE
Procurador en las Cortes franquistas, Gobernador Civil de Segovia, Director General de Radiotelevisión Española, Consejero Nacional y después Ministro Secretario General del “Movimiento”. Suarez era, sin ninguna duda, un hombre del “régimen”. Sin embargo aquel hombre fue el líder innegable de una transición inequívoca, decidida y vertiginosa hacia la democracia parlamentaria, esa de la que su “régimen” abominaba solo un poco menos que del comunismo.

Fue aquel hombre el que puso en marcha una amnistía, disolvió el “Movimiento Nacional” que tan bien conocía, legalizó los partidos y sindicatos de izquierda, singularmente al PCE, recibió al exiliado Tarradellas en Moncloa, ganó las primeras elecciones democráticas, presentó la primera candidatura oficial para el ingreso de España en la entonces Comunidad Económica Europea, constituyó las Cortes Constituyentes y firmó los Pactos de la Moncloa. Una enumeración casi jadeante de cambios y decisiones profundas.

Pero sobre todo tuvo la osadía de desmontar el régimen al que él mismo pertenecía porque estaba convencido de que era eso lo que había que hacer y lo hizo. Por si fuera poco en unas condiciones económicas, y no solo económicas, terribles.

Como si fuera una broma del destino, Suarez ha fallecido justo cuando el sistema que él echó a andar hace aguas de forma evidente. Cuando la ciudadanía, más ruidosa que la de entonces pero igualmente deseosa de cambios, reclama una renovación profunda de la política, una revisión del propio régimen democrático de la transición.

No voy a comparar la legitimidad de los políticos electos de hoy con la de los que formaban el núcleo del régimen de Franco pero nadie me negará que el alejamiento entre la ciudadanía y el sistema político es extrañamente similar hoy y entonces.

Sabiendo que fue desde dentro de la estructura del Estado desde donde Suarez impulsó aquel cambio, no puedo evitar pensar que tal vez en algún escaño actual, despacho oficial o sede de partido esté esa persona atrevida, resuelta y capaz de impulsar una renovación de la política que hoy, como entonces, nos hace tanta falta. Aunque también soy consciente de que la historia no se repite y de que lo que en un régimen autoritario podía ser impulsado por una persona, en democracia necesita de muchas cabezas distintas. Habrá que empezar a buscarlas, rápidamente. Porque seguro que las hay.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Tres cuartos de pollo


Es bien conocido el ejemplo de que si yo me como un pollo y usted ninguno, la estadística dirá que el consumo por persona es de medio pollo…y no faltarán quienes deduzcan de ese dato que todos estamos razonablemente alimentados.

Más tarde, si en una crisis a mí me quitan un cuarto del pollo y usted se muere por fin de hambre, como cabía esperar, el dato estadístico aún mejorará y el resultado será que habremos pasado a consumir tres cuartos de pollo por barba porque usted, simplemente habrá desparecido del cómputo y su ausencia disimulará mi propia pérdida. Albricias, dirán entonces los mismos de antes.

Los mismos de antes y también El Correo de Bilbao que hoy dedica parte de su portada y una amplia información a resaltar que el costo salarial ha aumentado en España y más aún lo ha hecho en Euskadi. Reconozco que la información en sí está bien trabajada pero, como seguirla requiere cierta atención y criterio, la propia página se acoge a la facilona deducción de que tanta queja y reivindicación laboral es contraria a la realidad. El propio Banco de España, nada sospechoso de veleidades sindical-revolucionarias, advierte de que esta estadística está falseada por la asoladora realidad de que ahora tenemos más de 6 millones de muertos laborales que ya no cuentan. Pero esa advertencia, tan incómoda para la demagogia antisindical, se ignora cuidadosamente al opinar.

Si usted es de los que aún trabaja y cobra en torno a los 2.409 euros mensuales de retribución media en Euskadi, que es lo que la estadística nos descubre, o de los 1.996 euros de la media española, debe saber que bastará con que se vayan al paro (se mueran salarialmente) otro milloncito de quienes cobran menos de eso para que le puedan bajar a usted su propio sueldo y que, sin embargo, la estadística reflejará un notorio incremento en los costes salariales. No faltará entonces algún “pollo” que, como hoy, se lo restriegue para que no se queje porque, supuestamente, habrán subido los sueldos. Y lo peor es que lo hará en contra de la demagogia, que ya es el colmo.

lunes, 17 de marzo de 2014

Menos humos!

Verán que cuatro de las cinco fotos que acompañan a este texto son en blanco y negro. Ciertamente la poco higiénica costumbre de fumar en lugares públicos estaba más extendida antaño. Ha sido la propia sociedad la que ha ido evolucionando hacia costumbres más sanas y respetuosas con el aire ajeno. De ahí la antigüedad de estas imágenes.

Seguramente fruto de ese cambio social, los legisladores pudieron establecer hace unos años prohibiciones de fumar en lugares públicos que hubiesen sido imposibles en los tiempos en que se tomaron algunas de estas fotos.

Aunque soy poco radical, también en esto, me parece muy bien que la ley evite que los fumadores dañen la salud ajena, la de las personas que no fuman o de las que un bendito día decidimos no seguir haciéndolo, como yo mismo. Pero no debemos olvidar que la única razón admisible para prohibir el consumo de un producto dañino, sin duda, pero legal, en un espacio público es preservar la salud no del fumador sino de las personas que le rodean.

Viene todo este rollo a la intención que parece que hay ahora de prohibir el uso de unos extraños adminículos llamados cigarrillos electrónicos, que parece que no emiten hacia el ambiente que rodea al usuario ninguna sustancia nociva. Se ve que una vez prohibido el tabaco en espacios públicos alguien ha pensado en que "ya puestos" vamos a prohibir también cualquier cosa que se le asemeje.

Es evidente que nuestra concepción de lo que es la democracia se ha debilitado mucho, en todos los sentidos. Las libertades individuales suenan casi a egoísmo, hasta el punto de que las voces justicieras y redentoras, también en todos los sentidos, parecen sentirse ahora con fuerza para "ya puestos" reclamar prohibiciones dirigidas a otras malas costumbres, la de estos cigarrillos... y otras. ¡Que miedo me da ese sendero de virtud!

Médicos como aquellos que te recibían fumando en la consulta (en los tiempos en que se tomaron algunas de estas fotografías) andan por ahí diciendo, seguramente con toda razón, que "vapear" nicotina es también muy malo para la salud de quien lo hace y que no le ayuda al síndrome de abstinencia ni a dejar el tabaco y que, aunque menos que la planta, algunos componentes bien venenosos ya tienen los chismes esos. Bueno ¿y que?

Reconozco a estas personas toda la autoridad para expresar esas certezas médicas pero de ellas no se deduce ninguna razón para prohibir en público una actividad que únicamente perjudica a quien libre y conscientemente la ejerce. No dudo que sea hábito muy malo para el "vapeador" y aceptaría de muy buen grado que estos profesionales solicitasen clara y rotundamente su prohibición total (en público y en privado) como pasa con otras drogas. Pero mucho ojo cuando hablamos de lo que se puede o no se puede hacer en el espacio público. Porque desde el punto de vista de la libertad la única pregunta válida para su prohibición, absolutamente la única es: ¿contamina el aire que respiran las demás personas? No les he leído ni una sola línea que diga que es así, por lo que no me queda otro remedio que pensar que se trata de una cruzada, de otra más, en favor de la rectitud y las buenas costumbres.

Pues mucho ojo. No sé usted pero yo, cuando alguien se siente legitimado para prohibirnos algo "por nuestro bien", no puedo evitar que se me vengan a la memoria, amenazantes como espectros zombies, todos los ataques a la libertad que en la historia de la humanidad han sido, desde los perpetrados por la Santa Inquisición hasta las purgas falangistas o las reeducaciones al disidente del comunismo real.

La lista de las actividades inadecuadas o reprobables es tan larga como la imaginación humana y tan peligrosa como ella. La democracia y el derecho que trajo consigo vinieron precisamente a limitar y regular el poder que puede ejercer el Estado en nombre de la sociedad, fijando claramente sus límites y dejando libre al ciudadano para seguir sus propias costumbres y hábitos mientras no perjudique a los demás, y eso incluye tanto lo que les parezca bien a sus vecinos como lo que les parezca mal. Si tiene usted alguna duda de en dónde está esta frontera que hoy se quiere traspasar con tanta ligereza pregunte a cualquier no cristiano, a cualquier homosexual, a cualquier mujer. Ellos y ellas le explicarán.


La democracia y la bolsa de hielo

La democracia es un sistema de gobierno alternativo a cualquier forma de tiranía. Apuesta por la inteligencia colectiva en lugar de por la genialidad individual. Su gran arma es la estadística, que confirma que sus resultados a largo plazo son incontestablemente mejores. Por tanto es el mejor sistema de gobierno pero no es el sistema perfecto. La perfección no está al alcance del ser humano.

Por tanto no debemos confundir la democracia, como pasa a menudo, con cosas como:
  • Certezacracia
  • Verumcracia
  • Verdadverdaderacracia
  • Iustitiacracia
  • Benditocracia
  • Communicatiocracia
  • Bienestarcracia
  • Miderechocracia
Y menos aún con:
  • Loqueyodigocracia (que también pasa a menudo)
(La bolsa de hielo está indicada contra las hinchazones y sobrecalentamientos cotidianos. Imprescindible para reflexionar con claridad. Manténgase al alcance de los adultos)

jueves, 27 de febrero de 2014

Monumento a Sísifo


En mi barrio hay un gran bulevar y en él, alguien diseñó un riachuelo artificial por el que el agua discurre saltarina, de escalón en escalón, hasta desembocar en una bonita alberca final. El rumor resulta agradable y, además, los servicios municipales mantienen tanto el estanque como el riachuelo impecablemente. Tres o cuatro veces al mes los operarios, vacían completamente el agua del sistema, limpian a conciencia las hojas y restos del fondo, y dejan todo como los chorros (nunca mejor dicho) del oro. Y ahí está el problema.

Aunque la limpieza es muy frecuente, en pocos días -horas incluso cuando hace viento- ese monumento a Sísifo vuelve a llenarse de restos, de hojas, ramitas, algún papel… que cubren el agua y, a las pocas horas, también el fondo.

Me apena ver el zafarrancho que montan operarios tan eficaces a sabiendas del poco tiempo que va brillar su esfuerzo así que he llegado a la conclusión de que no se trata de un elemento decorativo más sino que, a sabiendas de que iba a ser un barrio con muchas parejas jóvenes, alguien pensó que le venía al pelo un monumento a Sísifo, que es el patrono pagano de las personas con hijos pequeños y adolescentes.

La mitología griega asigna a Sísifo el castigo de empujar una gran piedra hasta la cumbre de un monte, desde donde ésta volvía a rodar hasta la base. El condenado debía así repetir el enorme e inútil esfuerzo una y otra vez, eternamente, como pasa en el estanque y con bastante probabilidad en muchas de las viviendas que se asoman a él.

lunes, 24 de febrero de 2014

Audiencia y notoriedad, a toda costa

Tal vez eran actores bien maquillados y falte el desmentido
También Mercedes Milá pretendió disfrazar su programa de “experimento sociológico” cuando no era otra cosa que voyerismo televisado, y del cutre. Con el tiempo y la inestimable ayuda de las bandas de chonis y macarras cuidadosamente seleccionados para gloria tan efímera, la realidad se impuso, el programa se trasladó al ya atestado barrio de “mierda con audiencia” que todas las teles tienen y las pretendidas veleidades científicas de los primeros días se esfumaron.

Lo mismo ha pretendido Évole con su engaño sobre el 23F. Cuando la TV exige cada día un espectáculo mayor y cuando la rebeldía vende tanto, la realidad puede no ser capaz de sostener tan agotador maratón y, en ese caso, se opta por inventársela. El periodismo de investigación se trastoca así en periodismo del “imagínate que” y cuando al final hay que explicar que todo era falso, no queda otro remedio que poner en marcha la patraña del supuesto experimento sociológico-mediático, para tapar el desatino profesional y moral montado para conseguir audiencia, anunciantes y…dinero. Eso es todo.

Bueno, todo exactamente no. Porque el engaño de la Sexta no es tan inocente como el de Mercedes Milá, que solo quería blanquear la mala conciencia de su audiencia cotilla. La simulación de una conspiración relacionada con el 23F se ha hecho sabiendo perfectamente que se riega en campo fácil, abonado. A sabiendas de que, a estas alturas de deterioro de la credibilidad de las instituciones del Estado, cualquier cosa mala que se diga de ellas, sea falsa, cierta o mediopensionista será aplaudida con entusiasmo y rebotada sin cuento. Si, como toda buena mentira, se apoya en datos o imágenes ciertas para manipularlas convenientemente el riesgo para el impostor resulta mínimo y se convierte en nulo si se cuenta, además, con la inagotable vanidad de políticos y protagonistas reales de aquel momento, dispuestos a decir lo que haga falta para verse por un día en pantalla.

Hasta ahora el periodismo de calidad tenía muchos enemigos, como los profesionales sectarios, que se creen sus propias mentiras, los falsarios que mienten a sabiendas y lo hacen a pecho descubierto, tratando de engañar y enredar a la opinión pública para su causa pero veo que aparece un nuevo enemigo: el que inventa lo que muchos quisieran que fuese cierto y lanza la bola para correr a esconderse en el "burladero de la experimentación", pero que lo que busca es, de entrada su propia notoriedad, por supuesto, y después saber hasta dónde llegó la mentira que lanzó; hasta dónde es de tonta la gente  de la que vive y a la que, evidentemente, desprecia. Solo espero que el autobús que lleva al barrio de la basura aún tenga plazas libres. Seguro que sí.



viernes, 21 de febrero de 2014

¿Estética policial?


Todo blanco, en perfecto orden, inmaculado, ni rastro de grasa protectora o del barro que se supondría inherente a algo recién sacado de algún bidón enterrado.
Presidido por el cuadro que la República Española encargó al genial artista malagueño, el silencioso vídeo que hemos visto hoy, tras una intensa campaña de generación de expectativas, no sé si muestra la mitad, unas pocas o todas las armas que le quedan a ETA, pero lo que sí muestra es, desde luego, muy poca imaginación a la hora de diseñar una estética propia.
A falta de ella se ha tirado de lo que más se conoce que, paradójicamente, son las imágenes que suelen enseñar la Policía y la Guardia Civil cuando decomisan alijos de drogas o de armas como esas mismas. Incluso está el inevitable logotipo sobre la mesa. ¡Que paradojas! Solo faltan los fajos de billetes.






miércoles, 19 de febrero de 2014

Europa necesita mentiras

Carlomagno visto por Durero
El Europarlamento que saldrá de las elecciones de mayo será el primero que tendrá potestad para elegir directamente al Presidente de la Comisión Europea, que hasta ahora era propuesto por el Consejo Europeo (formado básicamente los Jefes de Estado o de Gobierno de cada país).

Entre los europarlamentarios se va afianzando la costumbre de votar según su grupo ideológico y no según su nacionalidad. De hecho los socialdemócratas de toda Europa han señalado ya que su candidato único es el alemán Martin Schulz, actual Presidente del Parlamento. Los conservadores no han sido tan rápidos y andan tanteando el suyo; suenan Jean-Claude Juncker (luxemburgués), Vladis Dombrovskis (letón) y Michel Barnier (francés), de momento.

Es importante que las instituciones europeas vayan dejando atrás la costumbre de que cada uno vaya allí a hablar de su país (como hacía Francisco Umbral con su libro) y sigan avanzando francamente hacia un funcionamiento más globalmente europeo.

Es una lástima que este momento tan fundamental para la Unión Europea coincida con un tiempo de percepción tremendamente negativa y de desafección de la ciudadanía respecto a las instituciones comunes. Si en España estamos a ver cómo les atizamos bien a nuestro Gobierno y a nuestra oposición en las ya inminentes urnas azules, en otros países, que creíamos más civilizados que nosotros, crece enormemente la influencia de los partidos xenófobos, ultraderechistas y, desde luego, nada europeístas.

Parece claro que a la Unión Europea no le falta voluntad de seguir adelante pero tampoco le faltan problemas. La crisis no ayuda nada a la hora de conseguir la adhesión ciudadana, desde luego, y hay riesgo serio para la Unión, que no parece capaz de mantenernos en el top de la influencia internacional, como creímos que iba a pasar siempre. Porque la fortaleza percibida de la Unión Europea ha venido mucho de la mano del bolsillo, un poquito de parte de la razón y prácticamente nada ha conseguido del corazón o de la emoción de los europeos.

Esta última es, a mi juicio, una carencia grave. Comprendo que a un proyecto como el de la Europa unida, liderado en general por personas de amplia cultura, es difícil adherirle una mitología de esas que resultaron tan útiles para crear las naciones en su momento. Se hace cuesta arriba a estas alturas ponerse a inventar patochadas historicistas como las que nos enseñaron en nuestras escuelas nacionales a todos los europeos cuando éramos niños y niñas. (Ojo, no crean que salvo a las nacionalidades sin Estado, que compiten ventajosamente en ese ranking del ridículo, no crean.)

¿Quién no conoce la bonita historia de Arturo de Camelot, mito de la Inglaterra unificada, con espada mística y todo, que señala mágicamente al “auténtico” Rey de “toda Inglaterra”?. ¿Cómo no recordar al avispado Rodrigo, tan eficaz vendiendo el servicio de su tropa mercenaria a reyes grandes y pequeños, moros o cristianos, que acaba, sin embargo transmutado en el Cid, héroe legendario de una imaginaria cristiandad hispana.

¿Quién puede resistirse a la belleza del cantar de gesta de Roland, delfín de una protofrancia soñada y muerto por esos ásperos vascones en Roncesvalles?. Pero aunque la Edad Media da muchísimo juego por la más difícil refutación de lo inventado, otros episodios, bien marinados en el jugo patriótico, también cumplen aseadamente su papel de construcción legendaria de la nación: La propia Revolución Francesa, tan francesa ella como la Résistance en la que debieron participar todos los ciudadanos galos menos Pétain. O esa Guerra de la independencia tan nuestra, que expulsó heroicamente a los franceses y con ellos también la esperanza de salir de la tiranía absolutista en la que nos sumergimos entusiastas al grito de ¡vivan las caenas!”

La lista de mitos, exageraciones, abusos, olvidos interesados, invenciones cuidadosas y mentiras puras y duras resultaría interminable pero todas cumplen la importante función de crear la falsa quimera de que cada nación es algo natural y previo a nosotros, algo a lo que nos deberíamos acomodar y que deberíamos “sentir” como propio. Así es como se han construido siempre los sentimientos de pertenencia nacionales: mintiendo.

Precisamente este año se cumplen 100 años de la Primera Guerra Mundial, en la que enarbolando esas banderas patrias tan bien inventadas, millones de jóvenes europeos murieron en las trincheras, asfixiados con gas venenoso o reventados por un obús. En todo caso para nada. La historia real de Europa no es pacífica y algunos de sus episodios más crueles están demasiado cerca para olvidarlos así, de hoy para mañana.

Por si fuera poco la ciudadanía europea está entre las más cultas y no va haber forma de hacerle tragar con las ruedas de molino que sí colaron cuando se fue construyendo la mitología nacional de cada uno de los Estados. Seguro que sería posible encontrar a alguien que nos demuestre el natural hermanamiento secular entre la romería del Rocío y la Oktoberfest pero habrá quien se ría y así no vamos a ningún lado.

Poner al déspota Carlomagno como ejemplo de construcción europea y dar un premio con su nombre fue una buena mentira pero no parece que haya cuajado. Una pena, con lo bonito que es Aquisgrán. (Aachen, Oche, Aken, Aquisgranum)

No va a quedar otro remedio que hilar mucho más fino. Tal vez la cultura, más transnacional, nos pueda ayudar: los grandes autores, músicos, científicos y artistas europeos podrían servir para ir construyendo un cuidadoso relato, falso sin duda, pero útil para la cimentación del gran espacio continental único que tanta falta nos hace. Tampoco hay que descartar la ayuda que puede venirnos de los jóvenes, que gracias a programas de intercambio estudiantil han podido alcanzar un buen conocimiento de otros países y personas, bien profundo a veces.

En definitiva que, además de seguir avanzando en su construcción institucional, la fría, razonable y burocrática Unión Europea no debería descuidar la necesidad de un emocionante storytelling de si misma. Hace mucha falta y no debería ser imposible conseguirlo. Con menos y con peores mimbres se han construido los 28 cestos que la componen ahora.

Sobre las verdades que, en mi opinión, también necesita Europa, hablaremos otro día.




sábado, 15 de febrero de 2014

El pensamiento traidor

Galileo Galilei
“Eso que dices puede ser cierto pero solo contribuye a minar la moral y a debilitar la estrategia”

Bastantes veces he escuchado esa idea expresada de una u otra forma. Por mi experiencia, yo la he padecido en foros políticos pero supongo que pasará lo mismo en religión, en fútbol y en todos aquellos entornos en donde un grupo humano desea alcanzar colectivamente alguna meta.

Asombra la capacidad de muchas personas inteligentes para rechazar de forma rotunda, y a veces airada, las reflexiones ingratas. Y no lo hacen porque duden de que sean ciertas sino, precisamente, porque sospechan que, en efecto, lo son. Ya se sabe que el peor traidor es quien señala el punto débil que realmente tenemos.

Se trata de una mezcla de la natural ceguera voluntaria para no ver lo que se empecina en no encajar en nuestra realidad con un cierto voluntarismo prodigioso que no conocería límites ni barreras y cuyo ilusorio blindaje habría que mimar no acercando a él ninguna peligrosa vacilación.

No me gusta nada esa actitud, pero lo que me resulta especialmente irritante es que ocultar la verdad molesta se justifique casi siempre apelando a la necesidad de hacer “pedagogía” (de παιδιον, paidos – niño en griego)

Estoy siempre encantado de aprender cosas nuevas pero no acepto que se me trate como un ser inferior o inmaduro. No solo eso, sino que, además, creo que lo que más nos hace aprender y avanzar es justamente hacernos preguntas incómodas. Muy pequeña ha de ser la mente de aquel a quien no le quepa la menor duda.

Me ha salido una oportuna reflexión para hoy, que es el 450 aniversario del nacimiento de Galileo Galilei.

sábado, 8 de febrero de 2014

Permanezcan atentos a sus pantallas


ETA aplica el manual de las campañas de generación de expectativa y anuncia "aportaciones significativas" en un comunicado que publicará hoy.
¡Cuánto mejor para Euskadi si se hubiesen dedicado al marketing!

jueves, 6 de febrero de 2014

La izquierda mágica


La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear; porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta o poco más desaforados gigantes con quien pienso hacer batalla, y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer: que esta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra. ¿Qué gigantes? dijo Sancho Panza.


En España no se investiga…Los recortes están expulsando a los científicos…Nuestras universidades no están en los rankings de las excelentes…

Cuando escucho quejas como éstas pienso siempre si no estaremos apostando contra nuestro propio futuro. Porque yo también creo que nada es más rentable que la ciencia. Pero también confieso que no sabría decir cuánto de cierto hay en esta alarma y cuánto de esa costumbre hispana de ignorar y despreciar lo que sí se tiene, para así alimentar ese increíblemente prestigioso complejo de inferioridad colectivo, envuelto en ropajes de chulería. Ese en el que nos complacemos en enlodarnos desde tiempos de Larra o Blanco White.

Lo que resulta evidente es que la contradicción tiene excelente prensa entre nosotros:
  • Somos una potencia en fabricación de aerogeneradores eólicos pero no hay ubicación para ellos que nos parezca buena y en todos los casos propuestos nace la plataforma popular anti-molinos que denuncia el “impacto visual” de las grande hélices. Hasta tal punto es así de que estamos “expulsando” de España a las compañías que los fabrican.
  • No hay europeos con más smartphones que los españoles pero los movimientos que promueven el pánico anti-antenas con un gorro de papel de aluminio en la cabeza logar una credibilidad pública para la que un investigador científico necesitaría al menos el Nobel.
  • Tenemos –todavía- una excelente sanidad pública pero la despreciamos a menudo por no incluir entre sus coberturas la homeopatía, el reiki, las flores de Bach… (rellénese la línea de puntos al gusto)
  • Competimos en todo el mundo con una industria ferroviaria excelente pero lo más izquierdoso y guay es oponerse a las líneas de alta velocidad. ¿Cuánto mejor las autopistas, verdad?
  • No queremos que falte la electricidad en casa, porque se nos caería la red wifi de la que ¡vaya! abominamos en el colegio de los niños, pero no aceptamos ni los molinos eólicos, ni el fracking, ni las nucleares, ni las térmicas, ni las de ciclo combinado, ni…
  • Desconfiamos de las investigaciones genéticas, que quizás sean lo más asombroso de los últimos cien años, hasta el punto de prohibir y aun destruir, las semillas modificadas que pronto necesitaremos para comer sin asolar completamente el planeta.
  • Los nuevos movimientos sociales, justamente enfrentados a deterioro económico y político, acogen como parte de su cambio a los antivacunas, que hablan arrobados de energía vital y autocuración, pero que en realidad amenazan con traernos de nuevo el dolor y la muerte que creímos dominados para siempre.
Lo peor es que detrás de esa ceguera “popular y fresca” pero incapaz de distinguir la tecnología de la magia (como ya nos avisó Arthur C. Clark) hay una corriente social profunda y, por eso mismo alarmante, que mueve no solo a esos movimientos, sino que contamina a buena parte de la sociedad y, sin duda a buena parte de la izquierda de siempre, salvo contadísimas excepciones.

Los izquierdistas de antaño no dudaron un momento de que la libertad vino de la mano de la ciencia y de la cultura, porque así fue. Ni tampoco olvidaron jamás que las herramientas de la tiranía eran justamente la superstición y la ignorancia. El abuelo que luchó para que a su barrio llegase la luz eléctrica no entendería hoy qué hace su nieto twitteando en el móvil un mensaje contra la vacuna que a él le permitió escapar de la polio, por ejemplo. Hoy, sin embargo, quien se resiste a la marea de todo lo que suene a alternativo contra la ciencia “oficial”, es visto como un reaccionario, cuando no como un sicario a sueldo de escondidos poderes en la sombra.

La gran paradoja es que la magia, que ha sido la herramienta más eficaz de la historia para oprimir a los hombres, ha conseguido entrar en la mente de millones de personas sinceramente preocupadas por construir un mundo más justo y mejor. Y lo ha hecho como un troyano, escondida precisamente en los productos y cachivaches que su enemigo secular, la ciencia, nos ha proporcionado a todos para hacernos más sanos, más fuertes, más felices pero…por lo que se ve, no más listos.


Si ha llegado a leer has aquí tal vez es que le ha interesado así que aprovecho para recomendarle a gente más inteligente que yo

http://naukas.com/

miércoles, 5 de febrero de 2014

La utopía y la bolsa de hielo




Si no tienes utopía no sabrás hacia dónde caminar.
Pero si solamente aceptas la utopía misma no darás un solo paso.


(La bolsa de hielo está indicada contra las hinchazones y sobrecalentamientos cotidianos. Imprescindible para reflexionar con claridad. Manténgase al alcance de los adultos)


jueves, 30 de enero de 2014

Si bebes, no conduzcas

Arantza Quiroga. Presidenta del PP vasco. Foto ABC
Las personas de la actual dirección del PP vasco están sufriendo una enorme injusticia. Tienen toda la razón Arantza Quiroga y los suyos en que nadie tiene derecho a dales lecciones de dignidad frente al terrorismo. Ni siquiera sus antiguos compañeros.

La peste ISO

En la Edad Media el más devastador enemigo de la humanidad fue la peste negra, que causó la muerte a un tercio de la población de Europa. Aquello tuvo consecuencias terribles en el desarrollo de la sociedad y retrasó cualquier avance económico, político y social.

Ahora, en el siglo XXI, creo que el gran enemigo de la humanidad moderna son los "procedimientos de calidad" que, bajo la excusa de la excelencia, matan la creatividad, obligan a destinar esfuerzos a tareas inútiles, disuaden a quienes quieren mejorar las cosas de verdad e impiden destinar las neuronas a aquello para lo que realmente las tenemos.

Tal vez exagere y no sea para tanto. Tal vez se trate solo de otra burbuja más, como la inmobiliaria o la financiera que, como éstas, un día bendito estallará por fin y nos demos cuenta entonces de la imaginación que hemos perdido, de la creatividad desperdiciada, de la emoción abortada, de las iniciativas aplastadas, de la felicidad huída y de los miles de horas y de toneladas de papel desperdiciadas para dar de comer a los sacerdotes de la ISO.

Seguramente tampoco esta vez podremos valorar el daño causado pero lo que sí podremos hacer será recuperar de verdad la calidad en el trabajo. Y en la vida.


martes, 28 de enero de 2014

La marea blanca y la bolsa de hielo

La marea blanca ha sido un movimiento cívico valioso, que ha conseguido hacer visible que, afortundamente, hay muchísima gente en España que conoce y valora la sanidad pública. Pero el dique que ha parado las pretensiones privatizadoras del Gobierno de la Comunidad de Madrid ha sido una de las instituciones del denostado Estado: El poder judicial.

(La bolsa de hielo está indicada contra las hinchazones y sobrecalentamientos cotidianos. Imprescindible para reflexionar con claridad. Manténgase al alcance de los adultos)

lunes, 20 de enero de 2014

El PSOE se hace republicano


La decisión del PSOE de hacer en noviembre elecciones abiertas para la elección de candidato a Presidente de Gobierno puede significar una auténtica revolución en la política española y, desde luego, lo será en el Partido Socialista. A poco que la cosa funcione y los ciudadanos se animen a participar, el voto de los propios militantes se convertirá automáticamente en muy minoritario en relación con el peso del de los simpatizantes. Ocurrirá así aun sin necesidad de acercarse a las cifras de franceses o italianos que participaron en las elecciones primarias de sus correspondientes partidos socialistas. Se abre de este modo una interesante incertidumbre.

Tanta, que el secretario de Organización socialista, Oscar López, ya ha dicho que no sabría definir las expectativas socialistas de cómo pueda la ciudadanía reaccionar y lo ha hecho apelando, con razón, a la novedad absoluta de este procedimiento para la designación del candidato o candidata.

No sé si son los mejores tiempos para pedir a la ciudadanía una implicación en la vida de los partidos. La cosa puede acabar como un sano revulsivo que ilusione a la gente y la movilice al ver que se atiende, por fin, a la tan reclamada transparencia, pero también puede convertirse en una ocasión propicia para abofetear a la política en general. Los socialistas habrán dado la cara, ciertamente, pero para que se la partan.

De lo que pocos hablan es de que este proceso abre un nuevo escenario dentro del propio PSOE. Hasta ahora se había dado por hecho que quien controlase el partido era automáticamente el candidato y, si los electores le daban la mayoría, era también Presidente del Gobierno.

El PSOE siempre ha manifestado su vocación republicana. Sin embargo en sus estructuras internas reproducía, con paradójica similitud, la estructura de poder del Reino de España, con un Presidente del Partido, ciertamente electo pero sin poder real: (Rubial, Chaves, Griñán) y un Secretario General que era quien, mejor o peor, gobernaba efectivamente el PSOE (González, Almunia, Zapatero, Rubalcaba) cargo que, en su caso, compatibilizaba con La Moncloa.

Las primarias implantadas ayer van a suponer la creación a partir de ahora de dos poderes dentro del PSOE: Por un lado el que ostentará, y con gran legitimidad si todo sale bien, la persona que encabece el cartel socialista y, por otra parte, el poder que corresponda al Secretario General que dirija el Partido en la sede de Ferraz por decisión del congreso interno que le haya elegido.

Dos poderes reales y efectivos, elegidos independientemente uno del otro es, justamente, lo que caracteriza a los regímenes republicanos occidentales (Presidente y Primer Ministro) y es un modelo que cuenta con muchos partidarios dentro del PSOE pero, curiosamente, fue ayer mismo cuando el propio partido estrenó internamente esa estructura. ¿Se habían dado cuenta?


sábado, 18 de enero de 2014

Gamonal es la frontera

RTVE

Los recientes sucesos del barrio de Gamonal, en Burgos, han provocado una considerable perplejidad; de un lado por haberse producido en una ciudad de las que se perciben como tranquilas y poco dadas a la algarada y de otra parte por el asombroso motivo de la protesta: la regeneración y mejora urbanística de una calle. ¿Quién puede negarse? Pues precisamente los propios vecinos. ¿Y por qué una protesta tan virulenta y unánime?

Pues seguramente porque Gamonal es una frontera, como muchas otras que hay en España. ¿Qué clase de frontera? Una muy terrible, la que separa a las personas ya excluidas de las que aún aguantan. Esa frontera. La frontera del miedo.

La gente siempre quiere que sus hijos vivan mejor de lo que vivieron sus padres y se esfuerza mucho por conseguirlo. Mientras ha habido empleo muchas familias trabajadoras fueron mejorando su situación. El acceso a la vivienda en propiedad se percibía como un seguro. Como la certeza firme a partir de la que construir la esperanza de que la familia mejoraría. Conseguido ese primer objetivo los siguientes pasos variaban según los sueños de cada cual. Había quien, por fin, adquiría ese coche o ese pequeño apartamento playero; cosas que su familia no había podido tener nunca. Otros optaban también por darles a sus hijos una educación superior de la que ellos habían carecido, con la esperanza legítima de su promoción social y bien conscientes de que el salto definitivo a la clase media de la siguiente generación vendría de la mano de su preparación académica.

Millones de familias compraban bienes y servicios y de esta forma se generaba una apariencia de prosperidad (bien regada, por cierto, por la incomprensible pero evidente burbuja). No solo era así sino que esa estrategia vital se promovía y era percibida como muy positiva. Los Gobiernos se vanagloriaban de la marcha del consumo y hubo algún ministro que aplaudió el desaforado precio de las viviendas como síntoma de la incontestable prosperidad de España.

Tanto éxito no permitía ver que había millones de familias que para poder seguir ese ritmo presentado públicamente como “lo normal” estaban haciendo uso de toda su capacidad económica absolutamente al límite. No había margen de maniobra alguno y cuando llegaron el paro o el recorte, o ambos, se vieron al borde del abismo. Precisamente ese límite social, esa frontera de vértigo, se ha hecho estos días realidad física y tangible en el barrio de Gamonal.

No hablo de gente que no pueda pagar la calefacción, que ya ha traspasado la frontera maldita, pero sí de quienes aguantan el coche en la calle pero no podrían pagar un garaje. Del drama de quienes han tenido que hacer regresar a sus hijos de aquella universidad a la que llegaron con la esperanza y el orgullo de las generaciones anteriores de su propia sangre metidas en la maleta junto al ordenador.

En la protesta de Gamonal han estado, seguro, trabajadores con sueldos mermados que hace meses cerraron con llave el pequeño adosado en el Mediterráneo sin saber si cuando regresasen lo harían de vacaciones o para entregar las llaves.

Gamonal ha sido, en fin, el chillido rabioso de la esperanza que se ahoga en miles de barrios y en millones de hogares que bordean esa frontera. Eso ha sido. A muchos nos ha sorprendido el escenario y el motivo concreto del estallido, un bulevar, pero en algún sitio tenía que saltar la chispa. Quienes siguen sin entenderlo es porque aún no se han dado cuenta de que lo que está pasando es mucho más grave que un disturbio con policías y sirenas.

sábado, 11 de enero de 2014

El PNV acude en auxilio de los radicales… y de sí mismo


Dice el PNV que su convocatoria conjunta de una manifestación hoy en Bilbao es una reacción excepcional ante una situación excepcional. Ciertamente su concurso de última hora en este asunto es una actitud que no concuerda con el distanciamiento que los jeltzales venían manteniendo con el lío de los presos desde que ETA anunció su cese.

También es verdad que esa excepcionalidad ya no lo es tanto si miramos un poco más lejos: Lizarra 1998 no está olvidado y los casos en que el PNV ha sumado sus fuerzas a las del nacionalismo vasco radical han menudeado a la largo de décadas. En el fondo es innegable que por debajo de siglas y estrategias de cada momento, el nacionalismo vasco comparte, y compartirá, un imaginario sentimental común sobre el que se construye cada una de las posiciones diferentes que lo sustentan.

La manifestación prohibida y la reconvocatoria de hoy son, en efecto, un momento excepcional, porque existía el peligro cierto de que los jeltzales quedasen marginados dentro del universo común abertzale. El PNV ha querido evitarlo aun a riesgo de poder abandonar temporalmente una cierta centralidad política. No es raro. Llevan en esa táctica desde que Bildu entró en las instituciones y me inclino a pensar que, siempre desde su punto de vista, Ortuzar y los suyos han acertado ya que en este momento la mala situación de los partidos no nacionalistas hace que no haya nadie en Euskadi que le pueda disputar al PNV el segmento electoral del centro político, por lo que este movimiento táctico no le costará caro.

Solo ocurriría lo contrario si la demostración de hoy se convirtiese un punto de inflexión en relación con el cierre del terrorismo, como sin duda sueñan sus convocantes originales, pero tal cosa es muy improbable. Ya verán cómo la de hoy será una más de las ya muchas y muy multitudinarias concentraciones promovidas por el mundo de Batasuna/Bildu/Sortu/EH/… todas ellas con buenos resultados mediáticos pero nada más. Episodios como el de hoy o como el que protagonizaron el pasado día 4 en Durango unos presos cansados y derrotados, tendremos muchos de ahora en adelante, a lo largo del que seguramente será largo e incómodo tiempo en que los vascos tendremos que ir pasando nuestra propia resaca sociológica del terror.

Lo que no ofrece dudas es la excelente cintura política del PNV, que le ha permitido una jugada como ésta en la que no solo impide el monopolio de Bildu sobre los sentimientos abertzales sino que, además, se adorna a sí mismo con la pátina de “hermano mayor” que saca las ardientes castañas del fuego a otros “irresponsables” miembros de la familia cuando estaban a punto de quemarse.

Pero como nunca la dicha es completa, algunos peligros sí se vislumbran a lo lejos: Para el PNV que su insistencia en acudir a todo lo que suene a abertzale le haga derivar a largo plazo hacia donde no le conviene ir, tal y como le está pasando al PP nacional con su particular “Tea Party”. Para el PP vasco, que su ya débil posición propia desaparezca fagocitada por las torpezas del Gobierno de España y para el PSE PSOE, que una exacerbación diaria de la agenda nacionalista le deje sin discurso mediático y, por tanto, en tierra de nadie. Iremos viendo.